Por: Luisana Aguilar – @luibeagal

Soy madre de tres hijos y soy parte de tres diferentes chats de whatsapp de padres y madres de familia. Estos grupos son para informar sobre las tareas del día, comunicados de la escuela, reuniones programadas, cosas que tengan que ver únicamente con la educación de nuestros hijos e hijas; pero también  algunas veces, los integrantes comparten mensajes religiosos, cadenas de oración, memes; entre otras cosas.

Esta mañana llegó un mensaje muy particular a uno de estos chats. Este decía que la próxima semana durante las inscripciones, nos entregarán una hoja en la que se consultará si deseamos que nuestros hijos reciban educación sexual, y a continuación: “simplemente escriban NO. La idea es introducir la ideología de género. El mensaje concluye diciendo “hay que salvar a nuestros niños de este ataque mortal contra su integridad moral y espiritual”.

¿Salvar a nuestros hijos de un ataque mortal?. Ya había leído en redes sociales mensajes similares y varias informaciones falsas que ya fueron  desmentidas por el Ministerio de Educación, además había leído que estaban convocando a la marcha de la campaña anti derechos “Con mis hijos no te metas”; pero no es sino hasta que aquel mensaje llegó a mi propio celular que decidí no quedarme callada.  Mientras redactaba mi respuesta en el whatsapp llegó otro mensaje, con un tono más agresivo que titulaba “NO AL ENFOQUE DE GÉNERO”. Así en mayúsculas; que decía: “Se busca construir, obligar y aceptar los nuevos modelos de comportamiento social y sexual desde los niños, desde nuestros hijos, en las escuelas, colegios y estudios superiores. Es decir toman a los niños como medio de realización ideológica, esto es una batalla cultural, una batalla semántica, batalla política, batalla mediática, batalla espiritual, una batalla legal”

El mensaje continúa mucho más, pero hasta aquí ya era evidente que la persona que lo compartió en el chat cree que la educación sexual es un peligro, al nivel de una batalla, incluso pregunta que de no ganar esta batalla, “¿qué otras batallas nos quedan?”.

Tuve que responder. Quise que quienes leyeran, sepan que la educación sexual es un derecho, que está en la Ley de Educación de nuestro país, que la sexualidad es parte de lo que somos y que nadie va a obligar a cambiarnos de género, que tampoco se les va a entregar condones a los niños y las niñas, pero sí aprenderán que su cuerpo les pertenece y que nadie puede tocarlo sin su consentimiento, y que la educación sexual es la primera línea de defensa contra los abusos sexuales. Les dije que aquello que llaman “ideología de género” no existe y que es parte de un discurso de odio de grupos anti derechos.

Les compartí datos sobre la violencia sexual y recalqué que para mí, como madre, es necesaria la educación sexual en las escuelas; una educación sexual laica, científica, veraz. Si algo estoy segura es que quiero que a mis hijos los eduquen sin miedos.

Recibí varias respuestas. La de la persona que envió el mensaje se ratificaba en su posición. Un padre de familia preguntó si hemos visto el reglamento que firmó el presidente Lenin Moreno. Nadie contestó, sospecho que ni la persona que envió la cadena lo ha leído. Entonces envié al chat el archivo en pdf de la Ley de Educación Intercultural (LOEI), la Ley de Erradicación de la Violencia de Género contra la Mujer y un análisis fact check (verificación de datos) que elaboró Ecuador Chequea de la información falsa difundida por grupos ultraconservadores sobre libros escolares. Algo que ya lo han hecho en otros países, como forma de presión a los gobiernos para detener leyes o acciones favorables a los derechos.

Creo que aporté al menos a que las madres y padres de familia del curso de mis hijos pudieran tener una información más amplia, clara y sin mentiras. Estaba contenta. Cuando en el otro chat de padres y madres de familia de mi otro hijo, llega el mismo primer mensaje. Me sentí cansada e indignada. ¿Qué motiva a estos grupos a generar ese tipo de acciones con información totalmente falsa e incluso que hace alusión a información de otros países y no de Ecuador? No podía quedarme callada. Otra vez, envié los argumentos que había planteado en el primer chat, pero esta vez no recibí respuesta alguna.

Mientras que  en el primer chat la persona que había enviado el primer mensaje no se detenía,  compartió varios mensajes y un audio. En este se escucha a una persona  que habla con terror y convoca a “orar por los horrores que las editoriales para textos escolares están obligados a colocar en los libros”. Según decía esta persona supuestamente habría asistido a un taller del Ministerio de Educación para aplicar la transversalidad de género en los textos escolares, y que puso resistencia y les había explicado que según el “enfoque creacionista el perro siempre será perro, el pájaro siempre será pájaro, la mujer siempre será mujer y el hombre siempre será hombre” para decir que la diversidad de género no existe; el audio concluye diciendo que es  el “fin del mundo” porque el Ministerio  pretende “eliminar los roles de género” y el  “peligro de que se formen con conceptos como diversidad de género y enfoque de género  a los profesores”.

Batalla, fin del mundo, alerta, peligro; todo un lenguaje que busca generar temor y que evidencia que a aquellos grupos que promueven estos mensajes, no les interesa la educación de calidad para sus hijos, sino eso: generar miedo sin razón.

En respuesta a esto, es necesario que como madres y padres sepamos que el enfoque de género, es necesario para una educación de calidad,  ya que es una herramienta que nos permite reconocer las inequidades y formar mejores sociedades más equitativas. Es un enfoque que está presente en nuestra Constitución desde 2008.

Mientras escribo estas letras, una madre del segundo chat me agradece por el aporte y entrega el suyo: “Efectivamente la educación para la sexualidad con un enfoque de género no sólo es orientar a los chicos para preservar su salud reproductiva, sino especialmente  aprender a respetar la diversidad,  evitar la violencia y la desigualdad entre géneros y  sobre todo en fortalecer su autoestima, limitando las imposiciones y la dominación de un género predominante”. No soy la única, somos varias madres y padres de familia que pensamos igual.

Yo quiero una educación sexual laica, científica y de calidad para mis hijos desde el primero de básica.  Quiero que conozcan su cuerpo, que sepan que les pertenece, y que de la misma manera que nadie puede tocarlos sin su consentimiento, ellos tampoco deben tocar sin consentimiento. Quiero que sepan que existen otras maneras de ser y que deben ser respetadas y jamás violentadas.

Yo quiero que los compañeros y compañeras de mi hijo dejen de usar como insulto “mujercita” o “gay” y que los profesores no violenten a los estudiantes, entre ellos mis hijos, porque no hacen un ejercicio como “hombrecitos”, quiero que estos profesores aprendan de nuevas masculinidades que no reproduzcan la violencia.

Yo quiero que mis hijos sepan que cuando una caricia no es la adecuada, pueda hablar y defenderse del abuso, o de ser el caso, que sepa qué hacer si ve que un compañero o compañera son violentados y que ese acto de defensa y autodefensa estén respaldados institucionalmente por maestros que saben cómo actuar frente a estos casos y que no oculten los abusos.

Deseo lo que toda madre y padre desea para sus hijos e hijas, un mundo mejor, un mundo sin violencia, y eso es algo que no lo podemos hacer solo desde nuestra trinchera-hogar-familia.

No somos un país en guerra, o batallas, tampoco el fin del mundo llegará por el enfoque de género, pero al parecer varios grupos anti derechos, con información errónea, falsa y que raya en el fanatismo, no dudarán en seguir enviando mensajes de odio y violencia. Lo bueno es que estaremos madres y padres de familia que ya no nos quedaremos calladas.

 

 

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