Masculinidad Tóxica

Por: Melany Mosquera, Universidad Internacional del Ecuador

Juan*, estudiante universitario de veinte años, se encontraba recostado en su cama con la mirada fija en el techo. El canto de los pájaros anticipaba el amanecer; faltaba poco para que su alarma de las seis se active. Cerró sus ojos y se volteó a un lado de la cama. Su almohada estaba empapada, pero ya nada le importaba aquella madrugada. El día transcurrió sin prisa, Juan salió de la universidad y se dirigió a su casa. Ya en su habitación, se sacó la mochila y la ubicó sobre su escritorio. Buscó en un closet desordenado una correa, la amarró al soporte de la lámpara de su habitación e intentó ahorcarse.

El intento de suicidio de Juan no terminó en muerte, de lo contrario se habría sumado a los 754 casos de suicidios registrados en Ecuador de enero a agosto de 2018 por la Dirección Nacional de Delitos Contra la Vida, Muertes Violentas, Desapariciones, Extorsión y Secuestros (DINASED).

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el suicidio es la segunda causa de muerte entre las personas de quince a veinte años. Aproximadamente 13.024 personas se han suicidado en los últimos quince años en Ecuador, de este monto, el 28,5% son mujeres mientras que el 71,5% son hombres. Las principales causas que desencadenan este fenómeno son: problemas sentimentales, familiares y económicos así lo determina un estudio realizado por un equipo multidisciplinario e interinstitucional de investigadores de la Universidad de las Américas (UDLA), Universidad Tecnológica Equinoccial (UTE) y Universidad Central. ¿Pero cuáles son las razones para que los hombres sean quienes realizan el mayor porcentaje de suicidios?

 

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Juan se secó las lágrimas, se colocó una camisa y salió con sus amigos. Esta rutina era recurrente. Nadie evidenció en él signos de depresión hasta el día en que intentó quitarse la vida.

– Salía con las chicas que quería, tomaba, fumaba, farreaba, pero no podía con los problemas a los que me enfrentaba. Me sentía un fracasado­ –cuenta Juan.

El 19% de hombres que viven acorde con el estereotipo tradicional de género tienen pensamientos suicidas, así lo indica un estudio sociológico realizado por Heilman, Barker y Harrison en el año 2017 en Estados Unidos, México y Reino Unido denominado la “La caja de masculinidad”. La presión social por ser “un hombre de verdad” influye negativamente en la salud mental.

– Yo debía ser fuerte, las dificultades por las que pasaba me afectaban demasiado, pero sentía que no podía demostrar tristeza o debilidad –expresa Juan e intenta aclarar su voz para que esta no se quiebre; aún evita que sus sentimientos se vean expuestos y revelen su depresión, por tanto tiempo reprimida.

El modelo tradicional de masculinidad impide que el hombre muestre vulnerabilidad lo que genera angustia, desesperación y frustración. La socióloga especialista en género, Adriana Burbano explica que acumular tanto estrés por cumplir con este rol del ‘Yo proveedor’, del ‘Yo fuerte’, hace que el hombre no pueda exteriorizar sus temores y miedos. La figura masculina ha sido asociada siempre con la fortaleza tanto física como emocional “se piensa que el hombre es una especie superdotada, no le puede pasar nada y debe mostrar una coraza casi indestructible” manifiesta Burbano. Esto hace que los hombres se muestren ‘invulnerables’ y no exterioricen sus debilidades, aquello afecta su salud mental y los hace más propensos a cometer suicidio, así se explica el estudio “El suicidio masculino: una cuestión de género” realizado en España. En Ecuador esto es algo similar, según la Dinased, de los 754 casos de suicidio registrados en el primer semestre de este año, 580 son hombres.

 

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Caía la tarde y Juan guardaba en una mochila desgastada sus zapatos de fútbol cubiertos de césped y lodo. Su tristeza disipada por los sesenta minutos que duró el partido reaparecía de a poco en aquellos minutos de silencio en la cancha. Solo uno de sus amigos seguía a su lado, recostado boca arriba y cubriéndose los ojos para que el sol no lo cegara. Juan vio una oportunidad para contar a alguien lo que ocurría en su interior.

– Siento que no puedo más –dijo Juan

Su amigo quitó las manos de su rostro y preguntó

­– ¿Más con qué?

Juan se quedó en silencio por un minuto y cambió de tema, pensó en sus adentros

– Solo se va a burlar, los hombres no lloramos con otros hombres, así funciona esto.

Como Juan muchos hombres crecieron escuchando frases como ‘los hombres no lloran’, ‘sé valiente, sé hombre’, ‘los hombres son fuertes’, que contribuyen a la hegemonía del modelo tradicional de masculinidad, y más aún cuando estas dictan enseñanzas dentro del hogar.

Es así como los modelos de masculinidad y de feminidad se construyen a partir de los valores culturales, paradigmas y concepciones de una sociedad y no a partir de las características biológicas distintivas de cada sexo. Esto lo explica la socióloga Adriana Burbano: “Nosotras no nacemos como mujeres y sabemos lo que tenemos que hacer y eso es también lo que pasa con los hombres. Los roles se irán definiendo conforme a su desarrollo dentro de la sociedad”.

Según lo señala el estudio “La caja de masculinidad” , los valores y las enseñanzas inculcadas desde pequeños encierran al individuo en una ‘caja de masculinidad’, y cuando el joven no se ajusta al modelo viene la insatisfacción y con ella el alcoholismo, la violencia y el suicidio, ya que se mantiene el paradigma de los hombres como proveedores del hogar, los que mantienen el control, los que deben imponer respeto; mientras que a la feminidad se asocia con debilidad, delicadeza y sumisión.

Adrianda Burbano considera que es factible romper con aquellos roles establecidos por la sociedad y encontrar un modelo o diferentes modelos de masculinidad que se diferencien de la feminidad; pero que a la vez rompan con el dualismo hombre/violencia, hombre/ poder, hombre/ dominación. Para esto, considera, la educación en el hogar es la que más incide en la definición del rol que deben tener los niños y las niñas; sin embargo, no basta, es importante el papel que cumplen las instituciones educativas.

En esto coincide William Quispe autor del artículo “La equidad de género en la educación ecuatoriana” que expresa: “El aula se convierte en el campo de batalla para combatir la disparidad de género: el proceso pedagógico en la herramienta apropiada”. De esta forma la educación sería la herramienta que permitiría escapar de la “caja de masculinidad”.

La educación jugó un rol fundamental para reivindicar la posición de la mujer en la sociedad y luchar para acceder a espacios laborales y a una igualdad de derechos. Diferentes movimientos impulsaron modelos de feminidad que rompan con la imagen de la mujer como un ser sumiso e inferior; sin embargo, no es hasta finales de los noventa que se empieza a cuestionar la concepción tradicional de la masculinidad. Es así que al evidenciarse la problemática que genera el modelo tradicional de masculinidad, surge el concepto de nuevas masculinidades.

Robert Connell, profesional en Lenguaje y Estudios Socioculturales de la Universidad de los Andes, aclara en sus publicaciones, que el género es construido en medio de contextos sociales y culturales en las que se producen diferentes formas de masculinidad, pero siempre una se lleva el protagonismo. Los roles, por lo tanto, son constituidos por la misma sociedad y por ello es ella misma quien deberá reconstruirlos. Para alcanzar este objetivo es necesario apoyarse de la educación.

A pesar de que la educación no es una ‘máquina de revolución de género’, sí es un actor de peso para transmitir la cultura de generación en generación, en especial en el proceso de crecimiento, así lo expresa Robert Connell en su artículo “Educando a los muchachos” publicado en el 2001. La estructura institucional, las lecciones e incluso las actividades extracurriculares deben romper con el arquetipo tradicional, pero en su lugar refuerzan el modelo hegemónico.

La misma estructura de los planteles educativos contribuye a mantener este modelo. Generalmente los profesores que imparten materias como física, matemática, informática son hombres, mientras que materias sociales son dictadas por mujeres. Además, el plantel docente fomenta la formación de estereotipos al identificar la excelencia en el deporte con la masculinidad o la delicadeza como una cualidad femenina. “Es frecuente que en las instituciones educativas jugar bien al fútbol, por ejemplo, sea un signo de alto estatus dentro de la jerarquía masculina, pues permite poner en juego valores propios de la masculinidad hegemónica”, así lo manifiesta Enrique Díez Gutiérrez, didacta y organizador escolar, en su publicación “Códigos de masculinidad hegemónica en educación” publicada en el 2015. Estos valores configuran la masculinidad relacionándola con el desapego académico, la ausencia emocional, la competitividad y la búsqueda de control.

Por esto, resulta primordial la capacitación del profesorado en temas de equidad de género y no sólo en las instituciones de educación básica y secundaria, sino en las instituciones de educación superior. Como declara Enrique Díez Gutiérrez, en “Códigos de masculinidad hegemónica en educación”, construir un escenario educativo donde se fomente la educación sentimental de los alumnos y alumnas, la diversidad de identidades sexuales, la no violencia, resulta esencial para frenar aquella cultura machista.

No obstante, no se puede cargar toda la responsabilidad a un solo actor. Los ciudadanos por sí solos son transmisores de conocimientos y cultura. Por consiguiente, tienen una responsabilidad en la sociedad, así lo explica la socióloga Ariana Burbano, “todos debemos ser promotores de la equidad, no solo los padres deben educar a los hijos y a las hijas, sino que nosotros debemos educar a los hermanos, a los novios, a los esposos, etc.”

 

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Juan sigue un tratamiento para su depresión con un profesional de la salud mental. Cuando se le pregunta si considera que el modelo tradicional de masculinidad ha sido una de las causas de su trastorno, dirige su mirada al suelo y responde:

– No sé, tal vez sí porque de cierta manera te obliga a exhibirte como ‘el fuerte’, pero no sé, se supone que a la final eso es ser hombre, ¿verdad?

*Juan es un nombre modificado para proteger la identidad del estudiante. En el mes de octubre de 2017 evidencié de forma cercana las secuelas y las consecuencias que deja el machismo y la masculinidad hegemónica en el mismo hombre. Cuando se presentó el proyecto de redacción de un artículo sobre Nuevas Masculinidades, decidí retomar el caso de Juan para contar una problemática real, pero minimizada. El testimonio fue realizado a través de una entrevista en su hogar el 30 de septiembre de 2018; sin embargo, fue mi cercanía con el caso la que me permitió ahondar en el relato.

Referencias

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Boscán Leal, A. (2008). Las nuevas masculinidades positivas. Utopía y praxis latinoamericana, 13(41), 93-106.

Connell, R. (2001). Educando a los muchachos: nuevas investigaciones sobre masculinidad y estrategias de género para las escuelas. Nómadas (Col), (14), 156-171.

Diario EL TELÉGRAFO. (10 de septiembre de 2018). Las provincias de Azuay y Manabí tienen el mayor índice de suicidios. Recuperado de www.eltelegrafo.com.ec https://www.eltelegrafo.com.ec/noticias/judicial/12/suici dios-azuay-manabi-ecuador

Díez Gutiérrez, E. J. (2015). Códigos de masculinidad hegemónica en educación. Revista Iberoamericana de Educación, 68, 79-98

Heilman, B., Barker, G. & Harrison, A. (2017). La caja de la masculinidad: Un estudio sobre lo que significa ser hombre joven en Estados Unidos, el Reino Unido y México. Washington DC y Londres: Promundo-US y Unilever.

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con el tema “Depresión: Hablemos”. Recuperado de https://www.salud.gob.ec/este-7-de-abril-se-celebra-el-dia-mundial-de-la-salud- con-el-tema-depresion-hablemos/

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Quispe, W. (2016). La equidad de género en la educación ecuatoriana. Revista Para el Aula (IDEA), 18, 44-45. Recuperado de https://www.usfq.edu.ec/publicaciones/para_el_aula/Documents/para_el_aula_18/pea_ 018_0019.pdf