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Miradas indiscretas a la

carrera de Medicina

Sobre el acoso sexual y discriminación de género

 

Por: Daniela Pazmiño, Universidad Central Ecuador

foto: José Mosquera, Wambra.ec

La ciencia, en general, ha sido un espacio socialmente asignado a los hombres y la ciencia médica no es la excepción. La Medicina históricamente ha sido considerada ‘una carrera de hombres’ y esto no cambió incluso después que las mujeres accedieron al estudio de esta carrera en 1920, cuando Matilde Hidalgo se convirtió en la primera mujer en graduarse de medicina en Ecuador.

Durante muchos años la medicina como disciplina científica reforzó la construcción de una ‘naturaleza femenina’ y afianzó esquemas de percepción social basados en un razonamiento biológico determinista que afirmaba la ‘inferioridad de las mujeres’, en base a su supuesta ‘naturaleza biológica’ ‘débil’, ‘voluble’, ‘susceptible’, legitimando con esto su exclusión de espacios públicos y políticos.

Los libros de texto con los que se impartía la medicina en los años setenta muestran que la práctica médica consideraba el cuerpo de los hombres como la norma, mientras que el cuerpo de las mujeres era considerado una ‘desviación’ por menstruar o dar a luz; de la misma forma el embarazo era tratado como una enfermedad. El cuerpo de la mujer fue considerado un cuerpo inadecuado a los patrones ideales para el estudio científico, así lo afirma la filósofa feminista Sara Ruddick en su artículo Pensamiento Maternal.

Hoy el cuerpo de las mujeres ya no es considerado ‘una desviación de la norma masculina’, tampoco existe prohibición de ingreso a mujeres en la carrera de medicina, pero el dominio masculino de la profesión se da a través de otras formas: el acoso y la violencia sexual hacia las mujeres estudiantes.

De acuerdo al estudio realizado en 2018 por los investigadores de la Universidad de las Américas (UDLA) Ana Lucía Martínez y Rodrigo Henríquez, cuatro de cada diez mujeres de universidades públicas y privadas del país, que estudian la carrera de Medicina, afirman haber enfrentado situaciones de acoso sexual; y seis de cada diez ha recibido algún comentario ofensivo en relación a su género. Según este estudio el 70% de los que cometen el maltrato son profesores o compañeros.

La naturalización e invisibilización del acoso y la violencia sexual dentro de las carreras de medicina tiene repercusiones más allá de las aulas de clase. La Doctora Carmina Flores Domínguez, investigadora de la Universidad Anáhuac en México, en su artículo: Feminización en Medicina: Liderazgo y Academia, menciona que la medicina sigue siendo un espacio en el cual la mayoría de puestos directivos alrededor del mundo siguen en manos de hombres; el crecimiento de la participación de mujeres en esta área se contrasta con la lentitud en el acceso a puestos de mando en el ejercicio profesional. Todo esto a pesar que el 60% de las estudiantes matriculadas de 2016 a 2017 en Medicina en la Universidad Central (UCE) son mujeres, según el registro de datos de la UCE.

En este artículo se analizan las condiciones en las cuales se materializa el acoso y violencia sexual, hacia estudiantes mujeres, por parte de docentes de la Carrera de Medicina y de la Escuela de Posgrados de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Central del Ecuador. Este trabajo se basa en los testimonios tomados de historias de vida realizadas a profesionales que han estudiado en esta institución desde 1990 hasta 2018.

 

Jerarquía y disciplinamiento patriarcal

La práctica de la medicina se caracteriza, por lo que Roberto Castro, Doctor en Sociología Médica e investigador de la Universidad Autónoma de México, denomina un ‘habitus médico autoritario’ que hace referencia a la posibilidad de hacer procedimientos médicos no por ser necesarios, sino por tener el poder de hacerlos. Este habitus responde al esquema de obrar, pensar, sentir dentro del ejercicio profesional médico, donde existen fuertes procesos de jerarquización y disciplinamiento. Estos provienen de los recursos de formación empleados, en un proceso de sistemáticas agresiones y castigos que deben sufrir las y los estudiantes de medicina desde sus primeros años.

Carol Pateman, teórica y feminista británica, en su libro El Contrato Sexual menciona que el patriarcado no está reservado a la esfera privada, ni solo a la familia, sino que el orden social se mantiene a través de la estructura de relaciones patriarcales. La práctica rígida del castigo, así como la organización de las relaciones sociales en base a la jerarquía da cuenta de relaciones de tipo patriarcal, donde la autoridad se impone por la vía del castigo y este es legítimamente aceptado como un procedimiento de formación.

El disciplinamiento a través del castigo y la jerarquía es parte de lo que denominaré disciplinamiento patriarcal. Desde sus primeros años de estudio las mujeres estudiantes de medicina sufren constantes ataques por su condición de ser mujeres. Esto lo confirman varias especialistas en Cirugía General, entrevistadas para este artículo. Ellas afirman que tuvieron que ganarse el espacio y el reconocimiento para estar a la altura de los cirujanos varones, y hacer un sobre esfuerzo para que su labor sea valorada en los mismos términos masculinos. Así lo cuenta la Doctora Paola Acosta, especialista en Cirugía General:

­– Cuando yo era estudiante del posgrado era la única mujer entre todos hombres, si me equivocaba no era lo mismo a que se equivoque un hombre. El profesor me decía: ‘¿qué hace usted aquí? vaya a aprender a cocinar, vaya aprender algo que pueda’. Yo tenía que ser excelente, tenía que ser la mejor, no podía equivocarme.

Carol Pateman menciona que “lo que se conoce como acoso sexual ayuda a mantener el derecho patriarcal de los hombres en el mundo público ya que es relevante para la promoción y continuidad en el empleo, la accesibilidad sexual a las mujeres que trabajan”. Los hombres utilizan el acoso sexual para mantener su propio poder en el lugar de trabajo, y en el lugar de estudios. Una forma de reforzar el privilegio masculino es sexualizar las relaciones sociales. Esto se da por parte de compañeros estudiantes de la carrera de medicina y de los profesores. De esta forma el soportar el acoso sexual constante se vuelve una condición para alcanzar éxito profesional. Así lo narra la Doctora Ana Paula Gordillo, Médica especialista en Cirugía General:

– Me acuerdo que este tipo (un médico anestesiólogo), una vez en las jeringuillas de medicación que usaba se quedó un poquito de líquido y él me puso la jeringa aquí (en medio del pecho) y la aplastó y me mando agua. ¿Y qué hace una ahí?, ¿qué haces?. Luego me dijo ‘¡Ay! es solo una broma’. Y por miedo a no poder cumplir con tu objetivo no dices nada y por eso aguantas las bromas de los residentes y no dices nada porque sabes que de cierto modo dependes de esas personas.

Rita Segato*, antropóloga, investigadora, feminista, en su libro Las Estructuras Elementales de la Violencia resalta el carácter disciplinador de la violación, como castigo o venganza a “una mujer genérica que salió de su lugar”; es decir que salió de su posición de subordinada en un sistema de estatus. Frente a esto la respuesta es la coacción, recordarle frecuentemente que ocupa un cuerpo femenino, que es socialmente vulnerable y que puede ser socialmente vulnerado, debido a que pone en cuestión la posición del hombre en ese mismo sistema de estatus donde la respuesta coercitiva patriarcal más violenta es la violación. Segato entiende a la violación como un mandato que es parte de la identidad del sujeto masculino, el hombre debe violar para ser hombre, así sea una violación simbólica, alegórica a través de miradas indiscretas, comentarios, etc. Sobre esto Pateman afirma que la violación en este contexto puede comprenderse como una necesidad estructural de mantenimiento del status masculino y a la vez se puede evidenciar una complicidad fraternal para mantener el orden masculino en el lugar de trabajo. Esto se expresa en el espacio universitario, así lo cuenta la Dra. Paola Acosta*

– A mí me intentaron violar más de una vez. Mientras estudiaba, un profesor en su despacho me intentó atacar mientras yo estaba de espaldas, yo le rompí la cabeza con un tren de metal que tenía en el escritorio (…) . Perdí esa materia, porque al quejarme la única respuesta que supieron darme fue: ‘no le creo, pero por las dudas repita la materia con otro profesor’ y me atrasé el posgrado un año. Otra vez en cambio un asistente de cátedra debía pasarme unas notas, nunca me pasaba la nota para que yo vaya a verle, y una vez me encerró en un laboratorio, yo rompí la ventana por la desesperación, y me escapé. Al final me tocó pagar la ventana y él no tuvo ningún problema por eso.

 

Formas de acoso sexual y discriminación de género

Segato menciona que el poder no existe sin la subordinación, ambos son productos de un mismo proceso, una misma estructura. En el artículo Poder, estatus y abuso en el trabajo: acoso general y acoso sexual en comparación, Steven López, Randy Hodson y Vincent Roscigno, investigadores de la Universidad Estatal de Ohio, mencionan que el acoso general y el acoso sexual son similares en que ambos descansan en la defesa del poder, en degradar la dignidad del otro para proteger el propio estado de identidad. Ambos fenómenos surgen de patrones de violencia hacia el otro y se dan en la rutina de actividades.

Gustavo Fondevila, profesor investigador de la Universidad de Buenos Aires, en su trabajo El Hostigamiento laboral como forma de discriminación, menciona que el acoso general u hostigamiento laboral puede ser percibido como discriminación, y se da como un comportamiento negativo de superiores a inferiores jerárquicos donde quien es afectado es sometido a acoso y ataques sistemáticos. El género es percibido como una forma de discriminación ya que tanto hombres como mujeres pueden sentirse hostigados y discriminados por su condición de ser hombre o mujer. Pero para las mujeres tiene una característica específica. En todas las entrevistas realizadas a médicos y médicas especialistas, se admite que la maternidad y el hecho de que las tareas domésticas y de cuidado recaigan en mayor medida sobre las mujeres, es una condición que vuelve más difícil el ejercicio profesional para las doctoras especialistas. Dentro del Posgrado en Cirugía no existe la licencia por maternidad, si una mujer se embaraza en el posgrado, lo más probable es que pierda el posgrado o se aplace más de un año. Así lo narra la Dra. Ana Paula Gordillo* Médica especialista en Cirugía General:

– En el postgrado no existe la licencia de maternidad. Si fue cesárea tienes quince días o siete días si fue parto normal, para presentarte al posgrado. Si no te presentas pierdes el postgrado. Hablando de mi experiencia yo soy mamá de una nena de año y medio, me quedé embarazada y tuve que aplazar el posgrado casi tres años.

De la misma forma la Dra. Paola Acosta* Cirujana General comenta:

– Yo me embaracé en el posgrado, ya estaba por terminar, me faltaba menos de un año, casi pierdo. Tuve que incorporarme inmediatamente después de tener a mi hija. El embarazo no estaba contemplado en ningún posgrado de medicina.

De esta forma los testimonios recopilados a lo largo de este trabajo muestran que la discriminación por género, el acoso y la violencia sexual hacia mujeres estudiantes de medicina de la Universidad Central del Ecuador ha sido un fenómeno presente y aún sigue siéndolo. Este fenómeno es entendido como una forma de mantenimiento del gobierno y del estatus masculino de la profesión, además de ser una forma de respuesta coercitiva como recordatorio permanente de que ocupar un cuerpo femenino implica que puede y debe ser vulnerado para afirmar esta identidad masculina. El acoso sexual y el acoso general u hostigamiento se relacionan en que ambos son formas de mantener y afirmar el poder; y ambos fenómenos responden a una necesidad estructural de mantenimiento del orden patriarcal.

Referencias:

Roberto Castro. Génesis y práctica del habitus médico autoritario en México. Revista Mexicanade Sociología, Vol. 76, N°2, 167-197. 2014. http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=32130485002

Gustavo Fondevila. El hostigamiento laboral como forma de discriminación: un estudio cualitativo de percepción. Revista Mexicana de Sociología, Vol. 70, N°2, 305- 329. 2008. http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0188-25032008000200003

Steven López, Randy Hodson & Vincent Roscigno. Poder, estado y abuso en el trabajo: el acoso general y sexual comparado. The Sociolgical Quarterly, Vol 50, N°1, 3- 27. 2009. https://www.tandfonline.com/doi/full/10.1111/j.1533-8525.2008.01131.x?scroll=top&needAccess=true

Ana Lucia Martínez, & Rodrigo Henríquez. 97% de estudiantes de Medicina en Ecuador son víctimas de maltrato durante su formación. Redacción Médica. 2018.
 https://www.redaccionmedica.ec/secciones/profesionales/97-de-estudiantes-de-medicina-en-ecuador-son-v-ctimas-de-maltrato-durante-su-formaci-n-91938

Sara Ruddick. Maternal Thinking. Feminist Studies Vol. 6, No. 2 pp. 342-367. 1980.

https://www.jstor.org/stable/3177749?seq=1#page_scan_tab_contents

Carol Pateman. El contrato sexual. Barcelona: Anthropos. 1995. https://jcguanche.files.wordpress.com/2014/01/131498859-carole-pateman-el-contrato-sexual-1995.pdf

Rita Laura Segato. Las Estructuras Elementales de la Violencia Buenos Aires: Universidad Nacional de Quilmes. 2003. http://mercosursocialsolidario.org/valijapedagogica/archivos/hc/1-aportes-teoricos/2.marcos-teoricos/3.libros/RitaSegato.LasEstructurasElementalesDeLaViolencia.pdf

Registro de Matriculados por Carrera según Género, Universidad Central del Ecuador, tomado de http://datosabiertos.uce.edu.ec/datasets?p_p_id=com_liferay_document_library_web_portlet_DLPortlet_INSTANCE_oZdvRkqMcfNT&p_p_lifecycle=0&p_p_state=normal&p_p_mode=view&_com_liferay_document_library_web_portlet_DLPortlet_INSTANCE_oZdvRkqMcfNT_mvcRenderCommandName=%2Fdocument_library%2Fview_file_entry&_com_liferay_document_library_web_portlet_DLPortlet_INSTANCE_oZdvRkqMcfNT_fileEntryId=33322

Entrevistas:

Dra. Paola Acosta. (enero de 2018). Mujeres en la Medicina y Cirugía. (D. Pazmiño, Entrevistador)

Dra. Ana Paula Gordillo (enero de 2018). Mujeres en la Medicina y Cirugía. (D. Pazmiño, Entrevistador)

* Rita Segato diferencia dos tipos de violación. Por un lado la violación cruenta que hace referencia a la cometida por medio de la fuerza o la amenaza, gracias al potencial de fuerza física y al poder de muerte de un individuo sobre el otro. La violación alegórica hace referencia al uso y abuso del cuerpo del otro en el cual se produce un contacto que no se puede calificar como sexual. Véase: Rita Segato, (2010). La estructura de género y el mandato de violación. En R. Segato, La estructuras elementales de la violencia (págs. 21-52). Buenos Aires: Prometeo

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