por Juan Carlos González @CajuComvisual

Las elecciones de las nuevas autoridades de los núcleos provinciales de la Casa de la Cultura Ecuatoriana se realizarán este 5 y 6 de mayo y de la Sede Nacional el 18 de mayo ¿Qué está en juego para la cultura con el cambio de autoridades?

Wambra Radio conversó con los cuatro candidatos para directores del núcleo Pichincha de la Casa de la Cultura, para que los gestores culturales, artistas, trabajadores de la cultura puedan acercarse a sus propuestas.

Javier Cevallos Perugachí: autonomía y autogestión

Javier Cevallos Perugachí, vinculado al mundo del teatro profesional desde hace 25 años, escritor de poesía y guiones de teatro. Es parte del proyecto cultural, educativo y de memoria oral “Quito Eterno”. Su candidatura la impulsan diversos grupos gremiales como la Asociación Nacional de Artes Escénicas (ANAE), Asociación de Artistas Escénicos del Ecuador (Asoescena), Red de Espacios Escénicos (RED), Unión Internacional de la Marioneta Sede Ecuador (Unima) y Red Ecuatoriana de Festivales (REF),  los mismo que conforman el Comité de Gestión de las artes Escénicas que impulsa la candidatura de Cevallos a través de “La Casa, Articulación y territorio” Javier Cevallos, Lista 1 .

Para las organizaciones que Cevallos representa es importante pensar en perfiles que incidan en la toma de decisiones sobre política pública, el trabajo desde la independencia y autogestión es el fuerte de las organizaciones que lo respaldan. 

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Francisco Ordoñez: una visión amplia de la cultura

Comunicador, periodista y gestor cultural es uno de los candidatos. A cargo de la Dirección de Gestión y Comunicación Social de la CCE, impulsó la creación de la radio pública FM de la Casa de la Cultura Quito, la 100.9 Cultura FM ya está al aire. Ha estado vinculado a la actividad cultural desde 1975 cuando formó parte del Teatro Ensayo de Quito.

La propuesta de Francisco Ordoñez es la del trabajo a “puertas abiertas” con grupos no convencionales de la cultura tradicional como las culturas urbanas, expresiones populares y el movimiento rockero con quienes propone  más espacios para sus manifestaciones, además de la descentralización de la cultura por lo que una de sus propuestas es ubicar la sede de la Casa de la Cultura Núcleo Pichincha en el Sur de Quito o en el Valle de los Chillos.

Los movimientos que impulsan su candidatura se articulan en una plataforma denominada TINKU acuerdo Cultural (lista 2)  Francisco Ordoñez, lista 2 , se presentan como un punto de encuentro entre las diversidades por eso el uso de este nombre de origen Kichwa.

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Simón Zabala Guzmán: una institución eficiente

Escritor, ensayista y gestor cultural, miembro de la sociedad de escritores del Ecuador y doctor en Jurisprudencia lidera la lista 3,  Simón Zavala, lista 3 . Zabala trabajó de cerca en los inicios del Ministerio de Cultura como asesor de Antonio Preciado, paso que le permitió observar lo que él denomina una “falta de planificación y mirada integral en la gestión de la cultura”.

Su propuesta es una Casa de la Cultura en movimiento. Hombre de letras considera que la Casa necesita un cambio, un trabajo con los jóvenes, las diversidades, y el fortalecimiento en territorio. Tres son sus propuestas centrales de trabajo: gestión de espacio y ampliación de las oportunidades a los actores culturales, convenios para el fortalecimiento de las capacidades de los artistas y optimización de recursos para innovación de la CCE.

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Marco Orozco: conocedores del arte en la toma de decisiones

La candidatura del Frente Nacional de Cultura, lista 4, Marco Orozco, lista 4   está liderada por Marco Orozco, músico profesional, ha trabajado como director de bandas sinfónicas juveniles y desde 1990 está radicado en Quito; fue director de la Orquesta Sinfónica del Colegio Militar Eloy Alfaro, director de la Orquesta de Vientos y Percusión del Conservatorio Nacional de Música y además trabajó en el departamento de composición del Teatro Nacional Sucre. Es coordinador nacional del Frente Nacional de Cultura, organización de hacedores y gestores culturales, que ha presentado candidaturas para varios de los núcleos de la Casa de la Cultura en todo el país. Considera que ya es hora de que personas vinculadas al arte y la cultura ocupen los espacios de toma de decisiones..

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Los temas en la agenda

Los cuatro candidatos manifestaron su punto de vista sobre las principales preocupaciones de los actores, gestores, estudiantes y miembros de asociaciones vinculadas a la cultura y expresiones artísticas, quienes están a la expectativa de lo que se vendrá para la Casa de la Cultura Ecuatoriana.

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Sobre la autonomía de la Casa de la Cultura

La defensa de la autonomía política e institucional de la CCE, es una de las preocupaciones de los gestores y actores culturales; y fue el principal nudo de conflicto para la aprobación de la Ley de Cultura y los posteriores reglamentos.

Dos de los candidatos han recibido mayores críticas sobre su posible cercanía con el movimiento Alianza PAIS. El compositor Marco Orozco es el candidato del Frente Nacional de Cultura, en Pichincha lista 4. Movimiento que ha mostrado de manera abierta su adhesión a la campaña del presidente electo Lenin Moreno, esto ha sido motivo de críticas por parte de actores culturales que miran con temor la pérdida de la Casa de la Cultura como un espacio crítico al poder. El comunicador y gestor cultural Francisco Ordoñez desempeñó funciones dentro del Consejo de Regulación y Desarrollo de la Comunicación, Cordicom, además fue Director de Gestión y Comunicación de la actual administración de la CCE. Pero en varias ocasiones, él ha ratificado su compromiso con lo que llama “algo no negociable”: la autonomía de la Casa de la Cultura.

Pero el tema de la autonomía va más allá de las cercanías o distancias con el partido de gobierno. Este tema fue uno de los nudos de discusión, debido a que según la Ley de Cultura, la Casa de la Cultura Ecuatoriana es el “ente ejecutor” mientras que el “ente rector” de las políticas culturales es el Ministerio de Cultura y Patrimonio.  Esta Ley aún no cuenta con un reglamento que determine el mecanismo en que se va a manejar estas competencias y de las instituciones vinculadas a la cultura, tampoco está definido el marco para ejecutar acciones por parte de las autoridades electas.

Javier Cevallos Perugachí considera que la autonomía de la CCE pasa por las autoridades que estén al frente “si las autoridades no son autónomas, la casa no es autónoma. Hay que entrar a discutir con el Ministerio, pero también con las demás instituciones que trabajan en torno a la cultura, es una lucha de espacios, trabajadores, presupuestos”.

Por su parte Zavala cree que la Ley de Cultura no es el mayor peligro para la autonomía de la casa “yo no soy defensor de esta ley, porque la ley sea buena, tiene varias cosas muy positivas, en cuanto a la autonomía de la CCE, yo no creo que la lesione, no hay ninguna disposición en la Ley de Cultura que trate de imponer mordazas al pensamiento de los creadores, si eso fuera así eso sería realmente grave y ninguno de los creadores de este país lo permitiremos”.

Para Francisco Ordoñez en cambio, en la Ley se pueden encontrar contradicciones “en el artículo 151 proclama a la CCE como un ente con autonomía responsable, administrativa y financiera, pero extrañamente, en otros artículos de la misma establece que será el Ministerio de Cultura quien haga la reglamentación interna de la CCE y además será quien defina los presupuestos, entonces la autonomía que le da por un lado se le quita por otro lado, creemos que esta contradicción es peligrosa pues puede limitar la libertad de creación”.

Bajo esta premisa la asignación de recursos podría estar limitada por los funcionarios del Ministerio de Cultura, evitando dar recursos a expresiones artísticas y culturales que tengan un mensaje crítico hacia los estamentos del poder gubernamental.

Orozco, por su parte plantea que una autonomía se ejerce “en conjunto… es necesario tener voz propia, los diálogos y conversaciones de nuestras propuestas con autoridades buscan que la Ley de Cultura sea beneficiosa para quienes hacemos arte”.

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Apropiación y uso de espacios en la CCE

El uso de los espacios de la CCE es visto por parte de diversos actores culturales como necesario para los procesos de formación y desarrollo de actividades culturales. Sin embargo, no existen estándares o proceso definidos para la utilización de los mismos.

Javier Cevallos manifiesta que “hay que pensar más allá de la casa de la cultura, porque cuando se piensa en lo coyuntural se piensa en lo avaro, en el interés personal, hay que hablar con los grupos de teatro que han trabajado durante años, así podremos estandarizar procesos, eso nos puede dar  una marca para saber qué pasos seguir para obtener un espacio o  a su vez, re-pensar la idea de los espacios”. Cevallos propone el trabajo compartido, la cogestión, para ir habitando la casa pero con procesos sostenidos. Además, considera que hay espacios y procesos que han trabajado de manera autónomas “de los cuales hay mucho por aprender, no hay que homogenizarlo todo, la diversidad de experiencias permite una visión amplia sobre las expresiones artísticas y el trabajo en territorio”.

Simón Zabala, propone un cambio más radical “la CCE necesita un giro de 180 grados, tenemos que hablar de las culturas, de las diversidades. Respetaremos los espacios asignados a diversos grupos dentro de la CCE y habilitaremos nuevos espacios para ensayos permanentes, exposiciones y presentaciones”. Además, añade que ha existido una discriminación hacia las culturas ‘no mestizas’ por parte de la institucionalidad del país, “los derechos de los pueblos indígenas y negros han sido avasallados, a través de la cultura no se ve la presencia de estas culturas”.

Francisco Ordóñez por su parte plantea una visión de democratización de los espacios públicos de la CCE “las agrupaciones pueden hacer uso de los espacios, trabajaremos con diversas modalidades, para que sea un ganar-ganar. Dar acceso al trabajador de la cultura para que viva de su quehacer cultural, que haga uso de las infraestructuras del Estado”. Además, complementa su propuesta con un fortalecimiento de las extensiones culturales y convenios con los Gobiernos Autónomos Descentralizados que permitan que las diversas expresiones culturales se fortalezcan en territorio.

Orozco, plantea que más que los artistas se acoplen a la casa, la casa debe acoplarse a los artistas, para eso propone genera “una nueva estructura, una Casa de la Cultura abierta, a la producción, creatividad, producción, memoria. Una casa de la cultura equitativa, no solo para escritores o cineastas, la casa tiene que amoldarse a los artistas, que cobije a todos los artistas, hacedores y gestores culturales”. Así mismo la propuesta del Frente Nacional de Cultura es que el espacio debe brindar las facilidades para que las distintas expresiones artísticas hagan uso de las instalaciones de la CCE.

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Movimientos sociales, culturas urbanas y expresiones populares

La casa de la Cultura se ha presentado como un espacio democrático, de puertas abiertas, varios encuentros del movimiento indígena en movilizaciones sociales se han llevado a cabo en el Ágora de la Casa de la Cultura. Frente a una re-estructuración del escenario político nacional, las organizaciones sociales que han hecho uso de estos espacios ven con interés el proceso electoral de la CCE.

Para Simón Zabala, “en la CCE ha existido una actitud de discriminación a los pueblos indígenas y negros, porque resolver el problema no es solo prestando las instalaciones de la Casa, hay que tener una casa abierta a las manifestaciones, a la cultura viva, así se se genera participación activa”.

Marco Orozco por su parte manifiesta que “La Casa de la Cultura tiene que ser una casa abierta sin jerarquización de nada, todas las manifestaciones del arte tienen las mismas oportunidades para poder difundirse a través de la casa de la cultura, estamos hablando de la inclusión, es necesario fortalecer los núcleos cantonales y parroquiales de la CCE, desde ahí nace la cultura, desde ahí se desarrolla y debemos enfocarnos en estos lugares, por igualdad a cada hacedor y gestor cultural”.

Francisco Ordóñez expresa que “Tinku es de hecho ya un espacio de participación democrático y abierto. Las agrupaciones de jóvenes y rockeros son parte fundamental”. Esto no lo dice como un cliché, ya que dentro de su lista se encuentran organizaciones rockeras que respaldan su candidatura “es necesario que las culturas emergentes se apropien de la casa de una forma digna y consecuente”.

Para Javier Cevallos en cambio la idea de la inclusión es peligrosa, porque al definir grupos se está marginado a unos u otros, además agregó que hay transversalidad en los sujetos, porque “es mucho más complejo que las clasificaciones que se dan, lo importante es la construcción colectiva. Es necesario visibilizar esas diferencias, la normativa trata a todos por igual sin embargo hay otros responsables sobre las luchas, son los movimientos sociales y su nivel de participación”.

Si bien los candidatos tratan de vincular su trabajo con las diversidades culturales, que se presentan como emergentes, una Casa de la Cultura para y con las organizaciones sociales queda en entre dicho, la apuesta es de momento gremial, construir una agenda desde la cultura, que se han visto relegada en los últimos años.

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El Dato

Solamente quienes consten en el padrón electoral podrán ejercer su derecho al voto, el padrón lo integran miembros de la Casa de la Cultura y aquellas personas registras en el RUAC (Registro Único de Artistas y Gestores Culturales) antes del 21 abril del 2017.

 Padrón electoral núcleo Pichincha:

 http://www.casadelacultura.gob.ec/pdfs/padron_electoral_pichincha_2017.pdf