Por: Ana Acosta @yakuana

Wambra Radio @wambraradio

El presidente Correa envió un twitter, en el que, como solo él lo sabe hacer, mezcló la chicha y la limonada en 140 caracteres. Algo así como juntar en un mismo proyecto político a Alexis Mera y los ex AVC. Solo él. Así, en un twit juntó el anuncio de la visita de un presidente bañado de sangre, represión y violaciones a los derechos humanos, con un feliz carnaval.

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Pero no solo eso. Como le sobraba espacio, nos dejó un mensaje al alma ecuatoriana, un mensaje a nuestra conciencia tercermundista, subdesarrollada, mediocre y falta de costumbre: vamos a erradicar el juego del carnaval.

Y ahí salta mi preocupación inmensa por el señor presidente. Es que claro, que un niño ecuatoriano no haya jugado carnaval en su vida, es tan preocupante como que alguien se le ocurra robarle a Manabí el viche, la papa a Tulcán, o el encebollado al chuchaki.

Pobre señor presidente, ya hablando enserio, será que ¿nunca organizó guerras de bombas de agua en su barrio, construyó con sus propias manos y sus propios materiales (tuvos pvc y palos de escoba) pistolas de agua?, será que ¿nunca hizo mezclas inimaginables de harina, huevo, aguacate y tierra para ponerle en la cabeza a los primos? Enserio, ¿nunca lo hizo?

Uno de mis más hermosos recuerdos de niña es cuando jugábamos carnaval en todo el barrio, vecinos, familia y el que pasara. Mojados al final de una jornada de juego y risas, algún vecino comedido calentaba algo para tomar, para no morirnos de frio. Siempre quise pasar un carnaval en la costa, donde hace calor, para mojarme hasta la noche sin tener achachay. Otro recuerdo es el de mi abuelita, carnavalera hasta la médula, con 80 años, nos llamaba a su casa, solo para ponernos talco en la cara y reírse hasta más no poder.

Que el presidente considere que algo que vive y es parte de la cotidianidad de los ecuatorianos, es “mala costumbre”, me recuerda a aquellas representaciones que durante la conquista y gracias al naturalista Georges Louis Leclerc, Conde de Buffon, se construyeron sobre América y se enmarcaron en lo que se llamó “La Calumnia de América”. Como si Correa tuviera la misión de curar “el cuerpo enfermo” de los ecuatorianos, como lo plantearon las corrientes evolucionistas y darwinistas en América Latina, allá por los años 1900, para dejar de ser indios, lograr el “cambio cultural” y avanzar hacia el progreso anhelado.

Parece que Correa es como Procusto, aquel personaje de la mitología griega, que, cuenta la historia “tenía una casa en las colinas, donde ofrecía posada al viajero solitario. Allí lo invitaba a tumbarse en una cama de hierro donde, mientras el viajero dormía, lo amordazaba y ataba a las cuatro esquinas del lecho. Si la víctima era alta y su cuerpo era más largo que la cama, procedía a serrar las partes de su cuerpo que sobresalían: los pies y las manos o la cabeza. Si por el contrario era de menor longitud de la cama, le descoyuntaba a martillazos hasta estirarla (de aquí viene su nombre). Según otras versiones, nadie coincidía jamás con el tamaño de la cama porque Procusto poseía dos, una exageradamente larga y otra exageradamente corta, o bien una de longitud ajustable”

Parece que el presidente quiere los ecuatorianos nos ajustemos a la cama que compró en algún lugar de Europa donde no se juega carnaval (porque en algunos lugares sí hay tradiciones en las que se lanzan tomates o cerveza por todo el cuerpo). Quiere que los niños se adapten a las escuelas del milenio, y para eso corta la cabeza a las escuelas comunitarias. Quiere que los estudiantes se adapten a su política educativa, entonces amarra la gratuidad a un examen de ingreso. Quiere que la población se adapte a su política, para eso le corta las piernas con el Código Penal. Quiere que los ecuatorianos dejemos de jugar carnaval para ahorrar agua, pero a las empresas mineras chinas les tiende la cama para que utilicen, contaminen cientos de fuentes de agua en páramos y Amazonia. Y así, tantas camas a las que Rafael Procusto nos ha querido adaptar.

Pero, intentar adaptar a todo un país diverso, intercultural y carnavalero a la medida de la cama de Procusto, va a ser muy difícil. Puede ser como lo hizo Pinochet, que con represión y militares prohibió las murgas carnavalescas en Chile, o Videla prohibió el carnaval directamente en Argentina. Es que claro, para alguien que gobierna con el miedo, la alegría –más aún si es colectiva- es sumamente peligrosa.

El mito de Procusto concluye cuando Teseo, “invirtió el juego retando a Procusto a comprobar si su propio cuerpo encajaba con el tamaño de la cama. Cuando Procusto se acostó, Teseo lo amordazó y ató a la cama y, allí, lo torturó para ajustarlo como él hacía a los viajeros, cortándole a hachazos los pies y, finalmente, la cabeza”

Ni Correa es Videla para prohibir vía decreto el carnaval (eso espero, cada vez, con menos esperanza por los operativos policiales en colegios y la detención de dos jóvenes en Macas por jugar carnaval, ver nota final) ni los ecuatorianos somos Teseos para cortarle la cabeza al posadero. Lo que sí podemos hacer es jugar carnaval con más ganas, porque hasta eso, ahora parece ser un acto de resistencia al poder.

Nota:

– FOTOGRAFÍAS: El viernes 05 de enero estudiantes del colegio Mejía de Quito se tomaron la Av. 10 de agosto para protestar que les dejen jugar carnaval, después operativo de policía en laguna de Parque Alameda.

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– VIDEO: Dos jóvenes fueron detenidos en Macas por jugar carnaval, según informó una radio local, los policías les dijeron que está prohibido según el código penal.

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