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OTRAS MIRADAS

Soy una mujer negra, no un objeto de burla

 

 

Por Mishell Mantuano @MishellMantuan2

Publicado 31 de marzo del 2022

Mishell Mantuano

 

 

 

 

 

   Mujer afrodescendiente, afrofeminista, comunicadora social, periodista y parte del equipo de redacción de WambraEc. De alma libre y soñadora.

Ya que todo el mundo habla de lo que fue la entrega de los Oscar 2022, escribo esto. Durante el evento sucedió algo que, probablemente, no esperábamos que pasara. Sí, Will Smith golpeó a Chris Rock después de que él se burlara de su esposa Jada Pinkett, quien tiene síndrome de alopecia, es decir, pérdida de cabello. Esa parte de la historia ya todos y todas lo sabemos, entonces ¿por qué escribo esto? Porque en el transitar habitual de Twitter –red social donde al parecer habita gente de “bien” pero que no pierde la oportunidad de juzgar y condenar a otros– además de sacar a relucir el racismo que llevan dentro, encontré una serie de comentarios volcados a condenar la violencia ejercida por Smith en contra de Rock. Pero, te preguntaste ¿cómo se sintió Jada? No, probablemente no.

Mientras leía esos comentarios pensaba en cómo se sintió Jada al ser humillada y expuesta en un escenario visto a nivel mundial. Imagino que sintió lo mismo que sentimos todas las mujeres negras cuando, bajo la premisa de “es una broma”, debemos soportar comentarios racistas y discriminatorios sobre nuestro cuerpo, cabello, apariencia o ropa e incluso que cuestionen nuestra inteligencia solo por ser “negras”. En la mayoría de ocasiones no respondemos porque estamos bajo la lupa de “la mujer negra enojada y violenta” reduciendo así nuestro derecho a molestarnos y a responder por las agresiones sufridas y porque en muchas de las ocasiones normalizan esa violencia diciendo: “no es para tanto, qué exagerada”.

Y con esto no quiero justificar la violencia ejercida por Smith en contra de Rock, pero muchos de los comentarios pusieron sobre la mesa que es un hombre violento, hiriente e irrespetuoso y tal vez la mayoría estemos de acuerdo en que Rock no merecía una bofetada, pero sí ser cuestionado por su chiste sobre el físico de una mujer negra.

Por todo esto y más, hoy decidí escribir como mujer, negra, empobrecida, racializada y discriminada. Decidí escribir como hija, nieta, sobrina, hermana y amiga de mujeres negras en igual condición que yo.

 

Imagino que sintió lo mismo que sentimos todas las mujeres negras cuando, bajo la premisa de “es una broma”, debemos soportar comentarios racistas y discriminatorios sobre nuestro cuerpo.

 

¿Qué implica ser una mujer negra en la sociedad? ¿Quién soy y qué papel desempeño o debería desempeñar en la sociedad? Hacerme este tipo de preguntas muchas veces me lleva a tener una crisis existencial, de pánico y de ansiedad. Pero al mismo tiempo me generan rabia y siento que mis ancestras matriarcas esclavizadas, racializadas, discriminadas, violentadas y asesinadas me hablan y me piden darles voz.

Es increíble la habilidad que tienen otras personas no afros e incluso afros para llamarte de manera despectiva, racista, discriminatoria, sexista, machista y clasista. Probablemente eres una de las personas que piensa que el racismo y la discriminación no existe, que estoy exagerando y me ahogo en un vaso de agua, así que estas preguntas son para ti.

¿Te parece que no es racista ni discriminatorio decirle a una mujer negra que es primitiva, salvaje y que da lástima? ¿Te parece que no es racista ni discriminatorio decirle a una mujer negra que se corte su pelo afro porque tendrá mejor apariencia? o ¿te parece que no es racista ni discriminatorio decirle a una mujer negra que no sabe hablar, que no le enseñaron español y además que le digan que más que política será una buena cocinera? Sí, estas son de las cosas que nos han dicho a las mujeres negras y debemos soportar a diario.  

 

¿Te parece que no es racista ni discriminatorio decirle a una mujer negra que es primitiva, salvaje y que da lástima? ¿Te parece que no es racista ni discriminatorio decirle a una mujer negra que se corte su pelo afro porque tendrá mejor apariencia? o ¿te parece que no es racista ni discriminatorio decirle a una mujer negra que no sabe hablar, que no le enseñaron español y además que le digan que más que política será una buena cocinera?

 

Frases así le dijeron a Francia Márquez, candidata a vicepresidenta de Colombia, haciendo alusión a que el candidato presidencial, Gustavo Petro, no tendrá una compañera de gobierno, sino una mujer negra que servirá para todo, menos para gobernar. Eso solo evidencia estereotipos violentos con los cuales se nos ha asociado a las mujeres negras durante siglos: esclavas, empleadas, sirvientas. A esto se sumó que a Francia le dijeron que “destruye el idioma”, todo porque en una entrevista explicó el significado de la frase que usa en su movimiento: “Soy porque somos”. Imagino que tampoco lo sabes; calmado, aquí te lo cuento.

La frase que usa Francia Márquez en su movimiento político “Soy porque somos” proviene de Ubuntu, una antigua palabra africana que conecta a la humanidad, que te dice que la vida no es una competencia, que debemos respetarnos, amarnos y ayudarnos; significa que, si tú estás bien, yo estoy bien y si no, nos apoyamos. Esto implica la relación y la conexión con la naturaleza. Entonces Francia la usa como una apuesta por la vida y dice: “esa filosofía heredada de nuestros mayores y mayoras que fueron esclavizados, pero que siempre le apostaron a la construcción colectiva». Por supuesto, los intelectuales y más grandes letrados que creen saberlo todo no se hicieron esperar para lanzar sus comentarios violentos. Minimizándola, haciéndola ver como una mujer ignorante, circularon el video burlándose de lo que había dicho y, es que claro, a falta de argumento, el ignorante siempre insulta.

Pero la palabra mayoras no es una palabra errada, porque la misma Real Academia de la Lengua, RAE, la reconoce como un sustantivo para referirse a una mujer mayor. Es que cuando de discriminar y racializar se trata, las personas no se miden, consideran que somos seres sin filosofía, sin inteligencia, sin alma, incapaces de sentir y de pensar. Eso solo demuestra una sociedad profundamente vacía, que desconoce la cultura que es parte de un país, de una nación; pero claro, en este momento no sé si culparlos de eso o no, porque jamás se ha contado nuestra historia, la historia negra de manera real, sensible y respetuosa. Y eso es algo que no solo pasa en Colombia, también ocurre en Ecuador.

Similares agresiones se dirigieron a otra mujer negra ocupando un puesto en la política e incomodando a más de uno o una que al parecer le molesta que las mujeres afroecuatorianas tengamos voz. Tal vez en este momento te estés preguntando ¿qué pasó? ¿de qué carajos hablas? Entonces me daré el tiempo de contártelo.

El 24 de marzo de 2022, en la Asamblea Nacional de nuestro lindo Ecuador se hizo la votación del proyecto de Ley de Inversiones, propuesto por el presidente Guillermo Lasso. Por supuesto, una ley bastante criticada por la oposición porque pretendía privatizar hasta el agua. Es así que, con 87 votos a favor, 44 en contra y 3 abstenciones, el proyecto de Ley se archivó y, como era de esperarse, la oposición lo celebró.  Paola Cabezas, a través de tuit, difundió una fotografía donde está de pie, con una gran sonrisa en su rostro, su cabello afro espléndido y brillante, y un puño arriba haciendo alusión a que escogió al pueblo antes que a la banca y que se despide del proyecto de Ley de Inversiones.

Por supuesto, como es muy común, los comentarios racistas y discriminatorios no se hicieron esperar y una de las tantas ciudadanas de este bello país se molestó mucho y dijo: “mientras veamos este tipo de imagen tan primitiva y falta de cultura estaremos sin educación” a eso añadió que Paola le parecía salvaje y que le daba lástima porque se creía una luchadora.

Me gustaría saber ¿a qué se refiere esta señora con primitiva?, acaso quiso decir que Paola además de ser una mujer negra ¿es de civilización poco desarrollada? Y es que las cosas no terminan ahí. Adicional a esto, un hombre que al parecer cree estar en la capacidad para decir cómo debemos vernos las mujeres negras, escribió otro twitter: “Por favor Paola córtate bastante el pelo, tendrás una mucho mejor imagen, por lo de tu tono de voz, no le pares bola” y adicional a eso le envió saludos como muestra de su buena educación.

Analizando todos estos puntos termino de convencerme que la gente ama lo negro, pero odia a los negros porque no son capaces de reconocernos como seres humanos, como mujeres inteligentes, capaces de aportar a la construcción de sociedades mejores. Nos reducen a ser un pedazo de carne, seres insignificantes, a ser ‘nadie’ en una sociedad a la que hemos aportado tanto y podemos seguirlo haciendo desde todos los espacios, desde la política, la comunicación, la ciencia, la medicina, la literatura, la danza, el arte y más.

Estoy cansada del “humor negro, de que me digan la “negrita” en foros, talleres o conferencias, porque no saben mi nombre; pero jamás he escuchado que a mis compañeras les digan “la blanquita”. Estoy cansada de que además de la violencia física, psicológica, económica, verbal que ya sufrimos todas las mujeres a mí me violenten de manera racial por llevar colores extravagantes o mi cabello al natural.

No fue justo que yo haya tenido que esconder mi cabello afro durante todos los años de colegio, no fue justo que me obligaran a llevar mi cabello recogido, porque “no se ve bien” o porque “a los demás les generaba incomodidad”; mientras mis compañeras llevaban su cabello lacio de forma natural y libre.

 

Y, hablando de cabello, aquí te va una historia.

Resulta que, durante años, antes, durante y después de la esclavitud se ha utilizado los términos más despectivos para nombrar el cabello afro. Por eso en los años 60, cansadas de estar bajo la dominación de la belleza hegemónica occidental decidimos liberarnos y llevar nuestro cabello al natural.

Pero aquí viene el dato más importante, nuestro cabello no es solo una parte de nuestro cuerpo, es una forma de luchar, de resistir y de re-existir; es una cuestión política; es nuestro legado; es nuestro patrimonio cultural; todo lo que nos quedó de aquello que el hombre blanco nos arrebató y pretende seguir arrebatándonos cuando nos imponen formas de llevar nuestro cabello porque es feo, malo, informal y no va acorde con los estándares de belleza que se nos impone en las escuelas, en los colegios, en espacios y las universidades que se supone deberían ser seguros y aportar al desarrollo de nuestra educación,  personalidad y formación como seres humanos.

No logran imaginar el daño que me causó cuando mis compañeros y compañeras de la escuela me golpeaban la cara y me gritaban:

– ¡Sucia!

Sucia por ser negra. Producto de esas agresiones tenía que esconderme durante los recreos para que no me encuentren ¿Sabes lo qué eso significa?, ¿sabes lo que significa para una niña de 6 años vivir con miedo? No, ni siquiera logras imaginarlo y probablemente para ti sea insignificante, pero eso te marca profundamente, te hiere, te lastima y te condena a ciclos de violencia.

Porque no fue justo que yo haya tenido que esconder mi cabello afro durante todos los años de colegio, no fue justo que me obligaran a llevar mi cabello recogido, porque “no se ve bien” o porque “a los demás les generaba incomodidad”; mientras mis compañeras llevaban su cabello lacio de forma natural y libre.

Y fue aún peor vivir con miedo de hablar, participar y responder durante las clases, porque el tono de mi voz era demasiado alto o pensando en qué momento alguno de mis compañeros o compañeras hacía un chiste racista y discriminatorio y todos se reían, incluido los docentes, muchas veces.

Escribiendo estas historias me pregunto ¿Cuántos de mis compañeros y compañeras afros se sintieron igual? Todo eso, hasta cierto punto lo soportas, porque en la sociedad en la que vivimos no puedes darte el lujo de ser negro y además violento, considerando que lo primero no lo eliges tú, aunque haya todo un sistema, instituciones, grupos y personas violentándote a diario.

Pero ¿saben que sí me rompió el corazón por completo y me hizo odiar al mundo y la humanidad? Escuchar a mi hermana menor, de 6 años decir:

– No quiero ir a la escuela, porque mis compañeros y maestra no me quieren.

–¿Por qué dices que no te quiere? –le pregunté.

– Porque soy una niña tonta, porque no puedo aprender, porque mi pelo es feo, porque yo soy fea y porque soy negra –me respondió

Todo eso promovido por su maestra. No supe cómo actuar, no supe qué hacer por un momento, lo confieso. Transcurridos unos minutos me llené de ira y quise golpear a la maestra, sí, golpearla. Pero no, no lo hice y actúe como una persona “civilizada”, me dirigí hasta la oficina de la directora, le expuse el caso y su respuesta fue justificar la violencia con más violencia, diciendo hay que comprender a la maestra porque “no tiene hijos”. Yo tampoco soy madre y no por eso voy por la vida violentando niños.

En fin, todo eso da cuenta que hace falta que la educación esté atravesada por el género, la interseccionalidad y el antirracismo. Porque no, no eres interseccional, ni antirracista solo por conmemorar el 21 de marzo, Día Internacional de la Eliminación de la Discriminación Racial.

Todas las mujeres negras poseemos una ira en nuestro interior, y desde esa ira hoy escribo. Desde la misma ira que sintieron mis ancestras y ancestros, cimarrones, cimarronas, kilomberos y kilomberas para enfrentar al hombre blanco esclavizador y la misma ira con la que se logró, en 1851, abolir la esclavitud en Ecuador.