por Verónica Calvopiña @kinoraxx

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Los testimonios que les voy a compartir a continuación no son los testimonios de mujeres sirias huyendo de la guerra provocada por el Estado Islámico; tampoco son los de una familia palestina desplazada por israelíes que siguen ocupando sus tierras. Los testimonios que les voy a compartir son de cuatro mujeres ecuatorianas, con una característica que hace que muy pocas voces se pronuncien a su favor: son mujeres, son indígenas, son shuar y están contra todo el poder del Estado, de las Fuerzas represivas y de los capitales de uno de los países más poderosos del mundo: China.

La razón para que estos testimonios no se den a conocer antes, es que el gobierno de Ecuador prohibió todo el ingreso a la zona, la militarizó y la información fue limitada con el Estado de Excepción. La zona de influencia del proyecto minero fue controlada y militarizada, así como también el territorio Shuar que está fuera del área de influencia de la minera.

Como en toda guerra las víctimas debían ser ocultadas y silenciadas. La militarización y el desplazamiento forzado de comunidades Shuar enteras; la violación de los derechos de los grupos de atención prioritaria como mujeres embarazadas y niños, no existieron para el gobierno.

El Estado de Excepción lleva vigente dos meses con el argumento que era para precautelar la “seguridad ciudadana” pero los testimonios de cuatro mujeres Shuar demuestran que ha sido el Estado el que ha generado el desplazamiento y el terror en las comunidades Shuar.

Los testimonios

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Mónica Ambamba, mujer Shuar foto Miguel Imbaquingo – Wambra Radio

“El 18 de diciembre, el gobierno dio la orden a los militares. Primero llegaron a Nankints, luego entraron a la comunidad de Tsunstuim. Nos tocó irnos sin retirar ninguna cosa. Yo jalé a mis 3 hijos, dejé todas mis cosas y nos fuimos a otra comunidad. En el camino nos pasó un accidente, se cayeron mis hijos en un lugar por donde veníamos caminando, son caminos del campo, tan feos; gracias a Dios nos acompañaba un maestro que trabajaba con los alumnos. Él me dio llevando a mis hijos porque ellos se cayeron en el lodo; a mi me dolió bastante la conciencia me puse a llorar amargamente. Es un accidente para mí que soy una mujer sola”.

Así relata María Alluy su escape por la selva. Ella y sus 3 hijos huyeron de la comunidad de Tsunstuim tras la incursión de militares y policías como parte del Estado de Excepción en Morona Santiago ordenado desde el 14 de diciembre del 2016 por el gobierno de Ecuador para proteger un campamento de la empresa minera china Explorcobres, SA, EXSA.

María no fue la única, junto a ella se desplazó toda la comunidad. 40 familias que vivían en Tsunstuim, entre niñas, niños y mujeres embarazadas, huyeron de la presencia de 500 militares que según Claudia Chumpi de 18 años, llegaron disparando a la comunidad: “Era un día sábado que fui a la comunidad Tsunsuim, con mis dos hermanas y mi familia. Venían 500 militares disparando. Corrimos así como estábamos, los niños, las mamás embarazadas se asustaban. Nosotros nos corrimos arriba en la montaña, los militares se ubicaron en cada casa, rompieron las puertas, botaban las cosas afuera ollas, los cilindros se llevaron”

Las familias tuvieron que atravesar la montaña e ir por caminos llenos de lodo para poder llegar a Tink, comunidad que hoy los acoge. Caminaron con sus hijos sin tener que comer, o dónde resguardarse del sol y la lluvia. En medio del camino 2 mujeres embarazadas dieron a luz, sin cuidados, sin atención adecuada, esto puso en riesgo su vida y a la de los pequeños nacidos; de hecho una de ellas está aún grave de salud. Así lo relata Claudia: “Mis tías dieron a luz ahí mismo, casi se murió el bebé. Le atendimos nosotros mismo, no teníamos nada. Afilamos un palito para cortarle el cordón”. Otras mujeres, como la hija de María que se quedó a la mitad del camino porque ya no aguantaba el peso de su barriga y venía con sus otros 4 hijos huyendo de los militares.

Después de varios días llegaron a Tink. Esta comunidad antes del Estado de Excepción tenía 20 personas, ahora suman alrededor de 300. A las personas desplazadas les prestaron pequeños cuartos, alguna ropa y ollas, sin embargo, no cuentan con todo lo necesario para vivir, sus hijos dejaron de ir a la escuela.

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foto Miguel Imbaquingo – Wambra Radio

En Tink están las familias de Nankints desalojadas en agosto del 2016 por la empresa minera Explorcobres y la Policía, además de las personas desplazadas de otras comunidades como Marbella y Tsuntsuim por el Estado de Excepción decretado en diciembre del 2016 . Ahora sobre Nankints se asienta el campamento minero La Esperanza, el territorio esta cercado y es imposible entrar; mientras que Tsuntsuim esta deshabitado y las casas destruidas. Al salir abruptamente de sus casas, las mujeres perdieron sus cultivos, sus animales y su territorio, lo que les trajo problemas para la salud y la alimentación de sus familias.

Ahora no tienen suficiente comida, tampoco ollas y platos. Toda sus cosas se perdieron junto con sus casas, salieron con lo que llevaban puesto. No tienen ropa, zapatos y tampoco útiles escolares.

A esto se suma el constante miedo que sufren por la presencia de helicópteros y drones que los persiguen permanentemente. Están atemorizadas además por la situación de sus esposos; ellos huyeron por miedo a que los militares los apresen culpándoles de la muerte del Policía el pasado diciembre.

Claudia con apenas 18 años tiene que sobrellevar la pérdida de su casa, la ausencia de su esposo, el hambre y tristeza de sus hijos quienes desde que llegaron a Tink viven en permanente miedo por la constante persecución policial: “Los niños tienen miedo, se asustan. Ellos no están estudiando. Cuando pasa avión, ellos se asustan, corren. Cuando viene la cámara igual se asustan, los militares mandan una cámara en la comunidad para ver si nosotros estamos allí”.

Mónica Ambama, mujer de 32 años y madre de 7 hijos, no acaba de entender qué pasa. No comprende el por qué de estas acciones en contra del Pueblo Shuar. “Nosotros no hemos querido la minería porque hay contaminación. No queremos que nos contaminen nuestra naturaleza, el agua. Nosotros también somos humanos; ellos dicen los shuar no tienen derecho ¿por qué no tenemos derecho? ¿acaso no somos humanos? Nosotros también tenemos pleno derecho de reclamar.  

Ella fue desalojada primero de Nankints y luego de Tsunsuim. Cuenta que en el desalojo del 11 de agosto, su casa y sus cosas fueron enterradas por las retroexcavadoras, lo que no le dio tiempo para rescatar nada. Le pide al gobierno que cesen las actividades mineras en su territorio porque asegura que el cultivo del campo también es desarrollo y quieren ser consultados: “No nos han consultado, nos vienen a destruir nomas. Ellos dicen que nos han pagado pero ni una cosa nosotros tenemos cogido de EXSA china. Yo le puedo decir al Señor Presidente ¿por qué nos hace sufrir tanto a nosotros? ¿Qué le hemos hecho a Correa? ¿Sólo porque hay minería va a ver desarrollo? Todas las veces hay desarrollo con cultivos. Dice que a campesinos, a los shuar ayudamos que estamos servidos. Nosotros no estamos bien servidos, más estamos sufridos. Yo si quisiera Presidente Correa que llegue al centro para que vea y diga la verdad, que no nos haga daños y nos deje en paz”.

Claudia también rechaza la minería y al igual que Mónica, se pregunta dónde están sus derechos y los de su comunidad: “Nosotros no queremos la minería. Los militares dicen que el gobierno manda la minería, pero nosotros no queremos que nos haga tanto daño. ¿Dónde está el buen vivir? ¿dónde están los derechos de los niños, de las mujeres?”.

Según el artículo 57 de la Constitución se reconoce la Consulta Libre e informada a los pueblos indígenas, el no desplazamiento y a la limitación de las actividades extractivas en sus territorios. Todos estos derechos a las mujeres shuar de las comunidades de Nankints, Tsunsuim, Tundayme, les han sido negados. Estas comunidades fueron desalojadas y desplazadas, se les negó sus derechos, se violentó la Constitución para implementar los dos grandes proyectos de megaminería a cielo abierto: San Carlos Panantza y Mirador, los dos de empresas chinas.

Estos proyectos inauguran la era minera en Ecuador y prometen convertirlo en un gran exportador de cobre; sin embargo cómo se preguntan Mónica y Claudia ¿dónde quedan los derechos de las mujeres y los niños? ¿dónde quedan los derechos del Pueblo Shuar?

En una guerra, las mujeres y los niños son los principales afectados, esta guerra no es la excepción. Las consecuencias de la guerra generada por el extractivismo en contra de las comunidades amazónicas quedarán marcadas en sus cuerpos y en sus entornos.