ENTREVISTAS

María Noel Vaeza, Directora Regional de ONU Mujeres: “La pandemia trastocó la vida de las mujeres”

Entrevistan: Verónica Calvopiña @kinoraxx

 

 

El 19 de marzo de 2020, el gobierno ecuatoriano decretó un confinamiento, inicialmente por tres meses, debido a la Pandemia de la COVID-19. El confinamiento junto con las políticas de ajuste neoliberal agudizaron la crisis de salud y la situación económica de miles de familias. 

Entre los efectos sociales tras la pandemia estuvo el aumento de horas en el trabajo no remunerado que realizan las mujeres; muchas de las cuales perdieron sus empleos o no lograron acceder a servicios 

En octubre de 2022, la Junta Ejecutiva de ONU Mujeres se reunió en Quito para hablar sobre el trabajo que el organismo lleva a cabo en Ecuador. En esta cita, hablamos con María Noel Vaeza, Directora Regional de ONU Mujeres para conocer las acciones de este organismo para garantizar los derechos de las mujeres después de la pandemia. También explicó la necesidad de reducir y reconocer el trabajo no remunerado de las mujeres. 

 

 

– ¿La pandemia afectó la vida de las mujeres?, ¿ustedes, desde ONU Mujeres, qué problemáticas se han propuesto atender al respecto y de qué maneras?

La pandemia trastocó la vida de las mujeres de tres maneras: aumento de la violencia, el confinamiento, la frustración de no tener trabajo, de no poder encontrar trabajo, de estar en la casa, de estar enfermo. Todo eso llevó a que se generara más violencia intrafamiliar, que hubiera más denuncias de violencia intrafamiliar y, claro, los servicios estaban dedicados a resolver la pandemia. Entonces, se disminuyeron, en ciertos aspectos, los servicios. Pudimos lograr que en varios países haya acceso a hoteles para que las mujeres puedan salir de esa situación de confinamiento con sus propios depredadores. 

El segundo aspecto es el empoderamiento y la autonomía económica. Las mujeres han vuelto a su casa por el tema de cuidado en la pandemia, el cuidado estaba solo a cargo de las mujeres. Lamentablemente, los hombres no aumentaron la carga de trabajo no remunerado. Esperábamos que en un confinamiento, donde estaban todos en la casa, se redistribuya ese trabajo, pero esas tres erres de las que nosotros siempre hablamos: Reducir, Redistribuir y Reconocer el trabajo de cuidado no remunerado, que es un trabajo, lamentablemente no pasó. La mujer aumentó en cuatro, cinco, seis y hasta nueve horas más el trabajo no remunerado. Normalmente es 3.5 horas, lo cual significa que la mujer trabaja ocho días a la semana, se agrega un día más, pero en la pandemia fue peor, justamente porque estaba esa confusión de que si podían salir a trabajar o no en la cuarentena. 

La mujer no volvió a su puesto de trabajo, no volvió a sentarse en el mercado laboral hasta ahora. Eso demostró un atraso de 15 años porque nos había costado que la mujer entre al mercado laboral y todo eso se borró por el cuidado. Nosotros estamos haciendo mucho hincapié, hemos priorizado la creación de sistemas de cuidado público, privado, comunitario e integral para resolver el gran problema de las mujeres que es el tiempo. 

Para mí, el tercer gran problema que la mujer enfrentó es que estaba en la primera línea. Casi el 75% de quien estaba en la primera línea de atención: enfermeras, limpiadoras de hospitales, cajeras de supermercados, cajeras de farmacia, eran mujeres y, sin embargo, solo un 20% de las mujeres estaban en situación de toma de decisiones. Otra vez, discriminación y falta de apoyo para que la mujer pueda tomar decisiones. Ha sido muy grave para las mujeres. 

Esperamos que en este retorno a la normalidad o en este volver atrás, la mujer pueda volver al mercado laboral, vuelva a tener su autonomía económica porque nosotros creemos que cuanto más acceso a autonomía económica tiene la mujer, más va a salir de la violencia. 

 

– Los derechos de las mujeres, estoy pensando en Medellín, El Cairo, son relativamente recientes; sin embargo, hay grupos que se oponen y ponen en debate los derechos de las mujeres casi que diciendo que ya alcanzamos lo suficiente, ¿qué otros derechos faltan para seguir luchando?

Todos los derechos humanos son derechos de las mujeres, eso es muy importante que lo tengamos grabado en nuestra mente. Ahora, ¿qué falta alcanzar? Primero, falta remover las leyes discriminatorias. Todavía tenemos en nuestra región leyes que discriminan a las mujeres trabajadoras del hogar remunerado, que no le dan seguridad social, que no le dan un trabajo justo y digno. Tenemos leyes que discriminan a la mujer para trabajar, por ejemplo, en la minería o en trabajos nocturnos. Todavía hay leyes paternalistas que consideran a las mujeres débiles, que no pueden hacer determinados trabajos y eso tenemos que corregirnos. 

Uno de los indicadores, de los Objetivos de Desarrollo Sustentable, el número cinco, es justamente eliminar todas las leyes discriminatorias. Hay países donde la mujer no puede heredar, no pueden heredar tierra. Hay países donde la mujer no puede dar su nacionalidad a su hijo. No pasa en América Latina, pero si pasa esa discriminación en materia de trabajo.

Eso estamos tratando de que cambie y también de que se aprueben leyes que tengan que ver con el acoso laboral; por ejemplo, el Convenio 190 de la OIT que Ecuador ratificó y que han sido ratificados por varios países de la región, pero ahora tiene que implementarse esa ley, para que no haya acoso laboral. Por otro lado, la participación política de la mujer. No te olvides de que, a mayor participación política de la mujer, mayor es la violencia que se da en contra ella y no hay justicias electorales para resolver estos temas.

Aquí en Ecuador hubo ataques fuertes y quitaron a dos alcaldes, lo cual es un gran adelanto. No es posible que un hombre que se pretenda político, lo sea bajo la violencia contra otra mujer. Entonces ahí sí hubo una buena resolución del Tribunal Electoral. Necesitamos justicia electoral porque la mujer tiene que estar libre después de actuar en política y no lo está.

Veo en la región que entre más participación política más violencia, pero nosotras estamos pidiendo la paridad porque somos el 50% de la población, porque las cuotas, las leyes no han funcionado. Entonces, necesitamos llegar a esa paridad. Para eso, hemos trabajado con el Parlamento Latinoamericano en una Ley modelo de Paridad, estamos trabajando con varios países en la formación de las mujeres. 

Vemos que cuando la mujer participa en política la agenda legislativa cambia, ¿por qué? Porque la mujer se ocupa de los temas de la mujer. Se ocupa de la Ley de Violencia integral, se ocupa de la Seguridad Social, de la inclusión financiera. Vemos que cuando hay mujeres en los parlamentos, esa agenda legislativa avanza y hay otro tema muy particular de las mujeres parlamentarias, que se unen sin importar la diferencia ideológica de los partidos políticos para gestar una agenda común. Estamos viendo también que hay más mujeres, un 30% más, a nivel de los Consejos Locales. Tenemos más concejalas mujeres, pero solo tenemos 15% de mujeres en las alcaldías. Estamos muy poquitas todavía. Por eso tenemos que redoblar el esfuerzo en la participación política y luego también la agenda Mujer, Paz y Seguridad. 

Ha habido tantos problemas sociales de querer avanzar a través de la abogacía en las calles. Muchas veces las mujeres no están sentadas en esa mesa de negociación. Tenemos que movilizar a las mujeres para que se sienten en esas mesas de negociación y todas esas demandas sociales puedan verse reflejadas en las soluciones. Esta, para mí, es la agenda pendiente que tenemos que seguir trabajando. El empoderamiento económico, la inclusión financiera, para mí, es fundamental para que sigamos avanzando.

 

 

– Las cifras de violencia, pese a todos los avances, no paran de crecer y eso es contradictorio porque, por un lado, hablamos de avances, pero, por otro, seguimos viendo esto, ¿síntoma de qué es socialmente? 

Yo creo que es síntoma de que las sociedades están cansadas de la desigualdad, de la discriminación, de la falta de participación. Entonces hay un malestar social, que de por sí, no es bueno ni malo, existe. Lo que hay también es un malestar social más enraizado en los avances de los derechos de las mujeres y eso es lo que tenemos que cambiar. 

Por eso, nosotros trabajamos en nuevas masculinidades. Trabajamos con los hombres para hacerles entender que lo que la mujer quiere no significa detrimento de ellos, sino que, por el contrario, somos complementarios y cuanto más trabajemos la complementariedad, más pacíficas van a ser nuestras sociedades. Una sociedad donde la igualdad no se da es una sociedad a la que le falta la pata de la democracia porque somos el 50% de la población. Creo que tenemos que trabajar mucho más las normas sociales. Tenemos que trabajar en más programas donde los hombres sean escuchados y sean corregidos en su accionar. 

Nosotros hemos hecho muchas campañas para demostrarle a los hombres lo mal que hacen. Por ejemplo, en México hicimos una campaña llamada “No es de hombres”, con esa mostrábamos las cosas que los hombres hacían y ellos decían: “uy, perdón. Esto les molesta a ustedes”. Por ejemplo, silbarles, mirarlas de esa manera tan fea, que a veces miran los hombres. Entonces ellos empezaron a entender que eso era violencia, qué violencia no solo era matar a una mujer o pegarle, sino todas estas otras cosas también: la violencia del transporte público, cuando te tocan el trasero, la violencia en los espacios públicos cuando no puedes caminar tranquila, la violencia en el trabajo, el acoso laboral. Entonces, yo creo que los hombres recién se están dando cuenta que su accionar así no puede ser y lo que necesitamos son hombres que paren a los otros hombres. Yo siempre le digo a los hombres: ¿qué vas a hacer vos para la igualdad?, ¿cuál es tu compromiso frente a la igualdad? Y eso es lo que tenemos que exigir. 

La prensa tiene un rol muy importante, no revictimizar a las mujeres que sufren agresiones sexuales, por ejemplo, o que han sido víctimas de feminicidio. Muchas veces, vemos los titulares: “Mujer con minifalda fue asesinada” ¡qué importa cómo estaba vestida! Fue asesinada y punto. 

Hay mucho por hacer en todos los ámbitos de la vida. Trabajar con las religiones, trabajar con la prensa, trabajar con los gobiernos, con las instituciones públicas, para que se den cuenta que también los funcionarios públicos agreden y victimizan, por eso las mujeres no tienen confianza en ir a denunciar. Todo eso tenemos que trabajarlo, pero no hay sociedades más violentas que otras, depende de la historia. Hay sociedades respetuosas que también son violentas. Yo soy uruguaya y, por ejemplo, a nosotros nos enseñan desde muy pequeños, educación cívica y dentro de la educación cívica, te enseñan igualdad, respeto y todo eso, pero, sin embargo, hay 40 mujeres que mueren por feminicidio al año. Entonces, quiere decir que la educación hay que redoblarla. Yo creo mucho en la educación primaria y por supuesto, en reeducar a veces a la madre que también somos machistas y a los padres, pero es algo societal. No es solamente responsabilidad del gobierno o responsabilidad del Movimiento de Mujeres, es de todos. Tenemos que trabajar para eliminar esa violencia.

 

– ¿Qué tiene que ver con el trabajo de cuidados, el reconocimiento, la redistribución y la reducción?, ¿qué significa reducir y redistribuir este trabajo?

Primero, reconocer que el trabajo de cuidado no remunerado es un trabajo ¿y cómo lo hacemos? Hemos convencido a varios gobiernos de hacer encuestas sobre el uso del tiempo de las mujeres. Por ejemplo, en México, le pusimos un salario mínimo. La mujer que está 3 horas planchando, cuatro horas cocinando, cinco horas haciendo las camas. Entonces, a cada hora que la mujer decía lo que hacía de su tarea no remunerable, le poníamos un salario mínimo. Llegó al 15% del Producto Bruto Interno, mucho más que el petróleo, mucho más que cualquier industria del país. Lo mismo hicimos en Colombia y queremos hacerlo en todos lados, para que se monetarice, para que se vean los números. Muchas veces, los hombres necesitan verlo en números. Esto es importante también porque llama la atención, 15% del PIB y no estamos haciendo nada.

Primero, reconocer que es un trabajo, que no es remunerado, que tiene que ser reconocido y ser reconocido al interior del hogar. El hombre tiene que reconocer: yo puedo lavar los platos, me ocupo de la ropa o puedo cocinar. ¿Cómo se redistribuyen las tareas? sabemos que tenemos una cantidad de tareas que las hacemos con los ojos cerrados, pero tenemos que dar espacio a los hombres. Tiene que haber un diálogo, no tiene que ser violento, tiene que ser a través de un diálogo y a través del entendimiento. Esa es la redistribución. Y, por supuesto, reconocer, redistribuir y reducir porque nosotras también tenemos derecho al ocio. Entonces, tenemos que pensar en esa reducción porque las mujeres tenemos que tener autocuidado. Muchas veces, las mujeres cuidamos tanto a adultos mayores, niños, discapacitados y si no nos cuidamos, nos enfermamos, por eso hay tantas enfermedades mentales, tantas frustraciones. 

Nosotros decimos siempre que establecer sistemas integrales de cuidado representan tres dividendos: El primer dividendo es el bienestar de la familia, el segundo es que se genera empleo y empleo que tiene que ser de calidad y ahí entra el Estado que tiene que asegurar un sistema integral que se comunique entre sí, el sistema de cuidar a los niños con el sistema de los adultos mayores para que la mujer tenga la oferta y, además, producir empleo. Por eso nosotros decimos que son fundamentales los sistemas de cuidado para la recuperación económica después del COVID. Tercero, es un efecto compuesto porque le permite a la mujer salir a trabajar y dejar a sus seres queridos bien cuidados. Por eso, el gran problema de las mujeres es la falta de tiempo. No tenemos tiempo, porque si tenemos que hacer todo el trabajo no remunerado, después trabajar en una oficina o seguir estudiando, nunca tenemos tiempo y eso frustra, genera infelicidad porque el otro no hace eso. 

Para mí es fundamental ese diálogo al interior de la familia, al interior de la comunidad, al interior de la empresa. Los empresarios deben tener a disposición sistemas de cuidado también para una mujer que trabaja, porque las mujeres somos tanto o más capaces que los hombres y si pierden nuestra energía, pierden. Ese es un costo de oportunidad que se pierde.