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Marcha #8M: una lucha por todas

Publicado 13 de marzo 2020

Por: Génesis Anangonó Chalaco @genestefa

Equipo de cobertura: Yanúa Vargas, Belén Febres Cordero, Sofía Carrión, Génesis Anangonó

Video: Yanúa Vargas, Génesis Anangonó

El 8 de Marzo en Quito miles de mujeres salieron a las calles del Centro Histórico para conmemorar el Día Internacional de la Mujer. Las marchas fueron convocadas por el Parlamento Plurinacional y Popular de Mujeres y Organizaciones Feministas, espacio de articulación creado después de las protestas del Paro Nacional de Octubre, y por otras organizaciones de mujeres como Luna Roja. Mujeres trabajadoras, sindicalistas, populares, indígenas, campesinas, afrodescendientes, con discapacidad, pertenecientes a organizaciones y colectivas feministas y otras sin ser parte de ninguna organización, alzaron sus voces por la justicia laboral, el acceso a un trabajo digno, por territorios libres de extractivismo, por el derecho a decidir sobre sus cuerpos, por el aborto legal y seguro, por vidas libres de violencia de género.

A lo largo de la avenida 10 de Agosto, flamearon banderas rojas, negras, verdes y moradas, que revelaron la diversidad de mujeres participantes. Para el Parlamento Plurinacional de Mujeres agrupar a los diversos sectores sociales en los que participan mujeres es una apuesta por la articulación, el acompañamiento y el empoderamiento femenino.

En Ecuador, en lo que va del 2020, 17 mujeres han sido víctimas de feminicidio, según organizaciones de mujeres, sin embargo la Fiscalía General del Estado, en este mismo período, solo ha registrado el feminicidio de 8 mujeres. Las cifras son inexactas y esta fue una de las causas que congregaron a las mujeres en las calles.

–Ni una menos– decía Ana Hidalgo, del Foro de Mujeres –No tenemos derechos, porque el machismo está al frente y porque el Gobierno no dice absolutamente nada.

Ana no se equivoca, solo trae a la discusión las declaraciones que hizo el presidente Lenín Moreno sobre el acoso: “los hombres estamos sometidos permanentemente al peligro de que nos acusen de acoso”, deslegitimando la violencia que a diario sufren las mujeres. También lo dice, porque recuerda que la violencia contra la mujer en estos últimos años ha aumentado, según la Encuesta Nacional Sobre Relaciones Familiares y Violencia de Género (ENVIGMU).  En la Ecuesta anterior, realizada en 2011, 60 de cada 100 mujeres habían sufrido violencia, mientras que en la nueva encuesta realizada en noviembre del 2019, 65 de cada 100 mujeres afirmaron haber sufrido algún tipo de violencia. Virginia Gómez de la Torre, médica y directora de Fundación Desafío, manifestó, en rueda de prensa, que el indicador de embarazo de niñas no ha cambiado en los últimos 10 años: 8 niñas, menores de 14 años, paren diariamente producto de violencia sexual. Esto hay que sumarle la disminución del presupuesto para la erradicación de violencia contra la mujer y para prevención del embarazo adolescente y de niñas que este año disminuyó a 876 mil dólares.

Mujeres adultas, de la tercera edad, niñas y adolescentes participaron en la manifestación con tambores, consignas, cantos, baile, para que sus voces sean más fuertes y el Estado y la sociedad las escuche.  No marcharon para exhibir sus cuerpos o dañar las paredes y el patrimonio, lo hicieron para exigir acciones efectivas contra la violencia de género, para que el Estado prohíba el ingreso de petroleras a los territorios amazónicos, para que cese la esclavitud moderna en la empresa Furukawa, contra las políticas del FMI que precariza la vida, y afecta a las mujeres;  y sobre todo para que dejen de violarlas y asesinarlas. Marcharon juntas, como una forma de sororidad, o ñañaridad –como la hemos renombrado– con las mujeres que han vivido violencia, con las que no están, con las que exigen justicia, con todas.

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