Tiempo de lectura: 7 minutos

Violencia en el aislamiento

 

Por: Génesis Anangonó  @genestefa

 

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Desde la declaratoria de emergencia en Ecuador, millones de hombres y mujeres han tenido que cambiar su vida y sus hábitos; y adaptarlos a la cuarentena. Tanto hombres como mujeres están aprendiendo a vivir en aislamiento, muchos están aprendiendo a teletrabajar, a teleestudiar e incluso a hacerse cargo de acciones que parecen sencillas –pero no lo son– y a las que históricamente se ha relegado a las mujeres como el cuidado del hogar y de los hijos e hijas. En medio de la pandemia muchas personas buscan mantenerse a salvo quedándose en casa, pero la casa no siempre es un lugar seguro, especialmente para las mujeres, las niñas, los niños y adolescentes, que en esta cuarentena han tenido que encerrarse con sus agresores.

De acuerdo a la última encuesta nacional de violencia contra las mujeres, 2019, en Ecuador 65 de cada 100 mujeres, a partir de los 15 años, han sufrido violencia. En esta misma encuesta se estable que 30 de cada 100 mujeres han sufrido violencia en el ámbito familiar y 66 de cada 100 han sido violentadas por parejas o exparejas a lo largo de su vida. Bajo este patrón no sorprende que la violencia de género haya aumentado durante el aislamiento.

ONU Mujeres ha manifestado su preocupación por que considera que las mujeres están expuestas y deben enfrentar dos pandemias: la COVID-19 y la violencia machista. Según esta organización el aislamiento social y las restricciones de movilidad agravan y facilitan que la violencia machista contra mujeres y niñas aumente, ya que al estar encerradas con sus maltratadores poseen muy pocas oportunidades para salir de sus hogares y buscar ayuda. ONU Mujeres ha determinado que no solo las mujeres y las niñas resultarán afectadas, pues se estima que la violencia machista dejará impactos negativos en todos los miembros del núcleo familiar que a corto y mediano plazo experimentarán estrés postraumático, depresión y ansiedad.

 

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Cristina Torres, coordinadora del Centro de Promoción y Defensa de Derechos Humanos y Género (Ceprodeg), considera que las restricciones de movilidad y el riesgo de contagio dificultan que las mujeres denuncien la violencia de género durante la cuarentena, por ello no es extraño que la cantidad de denuncias se haya reducido.

Las denuncias y llamadas por temas relacionados con violencia de género sí se han reducido, pero la violencia de género no. De hecho, aunque no se denuncia como antes, ha aumentado durante la cuarentena.

Por ejemplo, el 2 de abril, Andrea*, de 19 años, presentó una denuncia en contra de dos policías que la habrían abusado sexualmente en las instalaciones del aeropolicial de Santo Domingo de los Tsáchilas. Poco antes de la denuncia, la tía de Andrea había acudido a la policía para reportar que Andrea estaba desaparecida desde las 16:00. La tía de Andrea y la policía se dispusieron a buscarla, pero no la encontraron, más tarde el ECU 911 reportó que en la zona sureste de Santo Domingo una mujer intentaba ingresar a una vivienda, al acudir la policía identificó que se trataba de Andrea.

La violencia de género tiene escalas, puede empezar con violencia psicológica, física y sexual −aunque no siempre se presenta en ese orden− y desencadenar en la expresión más visible de la violencia de género que es el feminicidio2.

El feminicidio, según lo ha definido ONU Mujeres, es la manifestación más brutal de una sociedad patriarcal que resulta en el asesinato de una mujer por el simple hecho de ser mujer. Este fenómeno ha sido clasificado según la relación entre víctima y victimario en cuatro categorías:

  1. Feminicidio de pareja íntima
  2. Feminicidio de familiares
  3. Feminicidio por otros conocidos
  4. Feminicidio de extraños

El feminicidio no puede ser entendido solo como un asesinato, porque es el resultado de las diferentes opresiones que viven las mujeres día a día, y constituye la máxima expresión de la violencia machista.

De acuerdo con el Global Study on Homicide 2018, se estima que de las 87000 mujeres que fueron asesinadas globalmente en el 2017, aproximadamente, el 58 % fueron asesinadas por sus parejas o miembros de su familia. Según este estudio diariamente 137 mujeres alrededor del mundo fueron asesinadas por un miembro de su familia. En Ecuador, según la Fiscalía General de Estado, en el 2017 se registraron 102 femicidios1, pero esas cifras no coinciden con el mapeo realizado por la organización Geografía Crítica que en ese mismo período contabilizó 153 femicidios, es decir, una mujer fue asesinada cada 57 horas.

Antes de la pandemia, del 1 de enero al 29 de febrero, la Fundación ALDEA registró 17 femicidios −aunque la Fiscalía registró solo 8 femicidios−. Según información proporcionada por Fiscalía, a Wambra Medio Digital Comunitario, desde el 1 de marzo hasta el 19 de abril se han registrado 3 femicidios.

El 27 de marzo, en Tabacundo, se registró el infanticidio de Paula, una niña de 4 años, que fue asesinada a golpes por su padrastro. En el reporte de la policía se estable que la niña salió de Quito, hacia Tabacundo, con el agresor. El agresor dijo que la niña se ahogó en el baño de una gasolinera, sin embargo, la autopsia reveló que la causa de muerte de la pequeña fue violencia infantil. Esta muerte fue contabilizada como homicidio.

Pocos días después, el 29 de marzo, en Manta, Katty fue encontrada muerta por sus familiares, las autoridades dijeron que supuestamente se habría suicidado, sin embrago, su familia cree que fue un femicidio y exigió a las autoridades que se investigue a su exconviviente. Katty dejó a una niña en la orfandad.

A los 7 días de abril dos niños de 3 y 5 años, perdieron a su madre, Brigith, una joven de 22 años que fue asfixiada por su conviviente. Según narró la madre de Brigith, ella y su pareja tuvieron una discusión que resultó en el estrangulamiento de la joven. El cuerpo fue desaparecido y arrojado a un río del cantón Rumiñahui en la provincia de Pichincha.

 

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Ante la drástica disminución de denuncias la Fiscalía General del Estado habilitó, el 19 de abril, una opción electrónica a través de la cual las personas pueden denunciar. Según un reporte entregado por la Fiscalía, esta acción ha permitido incrementar el registro de denuncias a partir del 20 abril. En ese mismo reporte se establece que el registro de acusaciones “ha aumentado considerablemente”, sobre todo en denuncias por violencia psicológica contra la mujer o miembros del hogar.

Juana Fernández, responsable del equipo técnico especializado de violencia de género de la Fiscalía, dice que las mujeres pueden denunciar a través de los tres canales habilitados para este fin. Ella se refiere a la línea 911, al 1800 DELITO (335486), opción cuatro, y en la página web de la Fiscalía. Sin embargo, la abogada Cristina Torres dijo que han conocido de casos de mujeres que han llamado al 911 para solicitar asistencia por temas relacionados con violencia de género, pero les han dicho que no hay unidades operativas para atender la emergencia, quedando así en completa indefensión.

 

¿Cómo se denuncia la violencia de género?

Para atender esas llamadas y denuncias de violencia de género durante la pandemia, el Comité de Operaciones de Emergencia (COE nacional) emitió, el 28 de abril, el Protocolo de comunicación y atención de casos de violencia de género durante la Emergencia Sanitaria por CORONAVIRUS (COVID-19) en el que se contemplan dos posibles escenarios de denuncia:

  1. Víctimas que previamente han realizado una denuncia y por tanto cuentan con medidas de protección.
  2. Víctimas que aún no son conscientes del círculo de violencia o aun siéndolo nunca han puesto la denuncia.

En el primer escenario: la policía, Fiscalía y Consejo de la Judicatura están en la obligación de hacer cumplir las medidas de protección, poner a salvo a la víctima y sancionar al agresor por el incumplimiento de decisiones legítimas de autoridad competente como lo establece el artículo 282 del Código Integral Penal (COIP).

En el segundo escenario: el Servicio Integrado de Seguridad ECU 911, la línea 1800 DELITO o cualquiera de los medios telefónicos o electrónicos a través de los que se reciba alertas o denuncias por violencia intrafamiliar, deben comunicar a las instituciones de atención prehospitalaria y a la policía las alertas receptadas en casos de violencia de género, para que esas instituciones se trasladen al lugar de los hechos y brinden acompañamiento a la víctima para que pueda realizar la denuncia o, si es el caso, recibir atención médica, asesoría legal, medidas de protección −que solicita el agente fiscal y otorga el juez de turno− o traslado a un Centro de Atención Integral o Casa de Acogida.  

En cualquiera de los dos escenarios, si la víctima no cuenta con un abogado, puede solicitar el patrocinio legal de un defensor público.

La especialista en violencia de género de la Fiscalía, Juana Fernández dice que todas las fiscalías, a nivel nacional, están activas 24/7 para atender denuncias de víctimas de violencia de género. Sin embargo, en Guayaquil, Cepam denunció que esto no estaba sucediendo, por ello exigieron al Estado informar al personal policial que la Unidad Judicial Norte de Violencia Contra la Mujer o Miembros del Núcleo Familiar atiende las 24 horas.

Juana Fernández indica que pese a las restricciones de movilidad las víctimas pueden acercarse a las unidades para denunciar delitos flagrantes o no flagrantes de violencia de género, pero en caso de no poder movilizarse hasta las unidades judiciales, se puede denunciar la violencia de género a través de las líneas 911 y 1800 DELITO (335486), opción cuatro, así como también en la página web de la Fiscalía.

La abogada Consuelo Bowen, coordinadora del equipo legal de Cepam Guayaquil, explica que las mujeres que tengan dificultades tecnológicas para realizar denuncias también pueden acudir a las Unidades de Policía Comunitaria (UPC), allí los agentes de policía pueden atender las denuncias. Bowen dice que en el caso particular de Guayaquil las Fuerzas Armadas son parte de la seguridad ciudadana, luego de que la ciudad fue declarada zona de seguridad, por ello en caso de que una víctima de violencia requiera asistencia puede solicitarla también a los militares. Según explicó, por la emergencia, los militares están a cargo de la seguridad de la ciudad y por esa razón “también deben estar atentos a los temas de violencia contra las mujeres, porque la violencia de género es un delito y es su obligación, prevenir el cometimiento de delitos”.

En este momento es importante tejer redes de acompañamiento y contención para apoyar a las víctimas de violencia, que en su mayoría son mujeres, niñas, niños y adolescentes; hay que estar conscientes frente a la violencia y denunciar las acciones violentas de las que somos testigos, ya que “el silencio es cómplice del agresor”, como subraya Fernández, por ello las denuncias por violencia de género pueden ser realizadas por terceros y así asumir la “corresponsabilidad” de no naturalizar ni callar la violencia de género. Ser conscientes de la violencia permite fomentar relaciones horizontales y salvar vidas.

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Femicidio1: Este término fue acuñado por Diana Russell en la década de los 70’s. Con este término se pretendía visibilizar la opresión, desigualdad y violencia sistemática que sufrían las mujeres y que, en su forma más extrema, culminaba en su asesinato.

Feminicidio2: Basada en el vocablo anterior, Marcela Lagarde acuñó el término “feminicidio” para referirse a lo que ella considera un crimen de Estado, pues en la mayoría de casos la respuesta de los Estados es la omisión, la inercia, el silencio o la inactivad para prevenir y erradicar esos delitos de género.

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