OTRAS MIRADAS

 

Cambiar las preguntas sobre la violencia machista

¿Qué hace que un amigo se convierta en violador?

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Por: Ana Acosta @yakuana

 

Publicado 02 de abril del 2024

 

 

Hace varias semanas una nueva noticia de violencia sexual volvió a ocupar las redes: tres adolescentes del Colegio Internacional SEK violaron a una compañera en un paseo de fin de año.

Como si fuera una película tristemente conocida, el guion se repitió: el colegio emitió un comunicado “aclarando” que el paseo no fue parte de una actividad del colegio y por ende no tiene responsabilidad. Dos de los jóvenes señalados huyeron. Las redes sociales se llenaron de mensajes en los que usuarios y usuarias hacían afirmaciones y preguntas sobre la víctima:  “si uds vieran físicamente a la man que dice que la violaron nadie le creería”, dijo una usuaria, insinuando aquella sentencia de la  cultura de la violación que apunta a la víctima y sus características corporales, de vestimenta, de actuación. Otros mensajes se dirigieron a buscar la responsabilidad de otra mujer, la madre de la víctima: “qué tiene que ver el colegio, 10 madres noveleras arman viaje a Punta Cana donde sucede esta tragedia, con la madre de la víctima incluida, qué tiene que ver el colegio?? La pregunta es dónde estaba la madre de la chica agredida” dijo otra usuaria.

En ese momento, hice un Hilo en la red social X, cambiando la dirección de los cuestionamientos. Mi mirada no se dirigió hacia la víctima, tampoco a las circunstancias de lo ocurrido, ni siquiera a la institución educativa y su falta de medidas adecuadas ante la violencia; mi mirada se dirigió hacia los agresores: ¿qué lleva a un adolescente a transitar de ser tu amigo a ser tu violador?, ¿qué tipo de masculinidad están construyendo los adolescentes para que decidan violar a una amiga?, ¿qué tipo de masculinidad aprendieron de sus padres, su colegio, su entorno?

Lo más cruel de la violencia machista que viven miles de mujeres y niñas, es que los agresores son hombres comunes y corrientes, muchos parte del círculo cercano: son padres, abuelos, novios, hermanos, profesores.  Amigos. Por eso el feminismo lo ha dicho claro:  no son monstruos ni enfermos, son sanos hijos del patriarcado.

La violencia machista opera con la naturalización de la práctica. Los hombres llegan a convencerse de que la mujer es un objeto, que su cuerpo les pertenece y que no hay nada de malo, por ejemplo, en drogar y violar a una compañera.  ¿Qué de malo hay si la sociedad dice que eso está bien e incluso es divertido?

Como dice la antropóloga feminista Rita Segato: «la violación está fundamentada no en un deseo sexual, no es la líbido de los hombres descontrolada, necesitada. No es ni siquiera un acto sexual: es un acto de poder, de dominación, es un acto político. Un acto que se apropia, controla y reduce a la mujer a través de un apoderamiento de su intimidad»

Por eso es tan difícil para una víctima comprender lo ocurrido ¿cómo alguien que hace poco me expresaba amor, amistad incluso cuidados, hoy me hace esto?

Y esto, es más difícil comprenderlo y por ende darle una solución. No hay una escuela de violadores en ningún país. No hay un padre, que enseñe a un hijo cómo violar a su amiga. Porque entonces la solución efectiva a la violencia sería sencilla: prohibir y sancionar la escuela de violadores. La violencia machista tampoco se soluciona con políticas de seguridad. El mejor ejemplo es que, durante el estado de excepción y guerra, con militares en las calles y operativos policiales en cada barrio, a las mujeres y niñas nos han seguido matando. Ni los femicidios ni la violencia sexual han parado con más policías y militares. Como lo dijeron las miles de mujeres que marcharon el 8 de marzo: “la Policía no me cuida”. Tampoco la solución está en los protocolos que no existen o cuando existen fallan o no son aplicados, o en las decenas de campañas que invitan a las víctimas a denunciar. Entonces ¿hacia dónde dirigimos las preguntas y las acciones?

Varias personas difundieron información sobre los agresores. Son adolescentes de un colegio considerado de élite en Guayaquil. Uno de ellos es hijo del cónsul de Chile en Ecuador. Según el abogado de la víctima, varios de ellos participaban en un chat de jóvenes de distintos colegios donde compartían fotos y videos de sus agresiones y pornografía. Nuevamente Rita Segato lo dice: “El sujeto violador es el sujeto moral por excelencia y la violación moraliza, es decir, coloca a la mujer en su lugar, la atrapa en su cuerpo, le dice: más que persona, eres un cuerpo.” 

Por eso es necesario mirar las prácticas propias de quién ejerce la agresión. Comprender que tú, como hombre, si decidiste violar a tu amiga, no es porque estabas borracho, drogado o eres un enfermo, es porque creíste que no estaba mal, es porque jamás aprendiste el consentimiento, es porque el privilegio te enseñó que puedes dominar.

¿Cómo cambiar esto? ciertamente necesitamos cambiar las preguntas y a dónde las dirigimos. Vuelvo al Hilo y las preguntas como una invitación a pensar en conjunto: ¿Qué tipo de masculinidad aprendieron estos adolescentes desde su lugar privilegiado?, ¿qué tipo de masculinidad se enseña en un colegio de élite o en un colegio público?, ¿qué hace que un adolescente pase de ser amigo a violador?