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Activistas mexicanas y estadounidenses tejen una red feminista transfronteriza para sortear las trabas al aborto en EEUU

 

 

 

Por: Marianela Mayer, redactora en la Agencia de noticias argentina Télam @m_marianela

Publicado 03 de agosto del 2023

 

 

“Hola, tengo cinco semanas y necesito ayuda”, es un mensaje común que reciben las activistas de una red transfronteriza encargada de acompañar a quienes buscan acceder a un aborto seguro en los territorios de Estados Unidos donde su práctica está prohibida. Bajo el lema «Acompañando del Sur al Norte», feministas mexicanas y estadounidenses idearon este proyecto en enero de 2022 ante una ola de restricciones en los estados del sur. Inicialmente, los pedidos no superaban la decena por día. Sin embargo, la demanda se disparó seis meses después, cuando la Corte Suprema de EEUU anuló el fallo que establecía al aborto como un derecho constitucional. En total, la red asistió en 2022 a más de 10.000 mujeres de todo el país, siendo muchas veces el “único medio” disponible para poder abortar.

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En Estados Unidos, la Interrupción Voluntaria del Embarazo —IVE— fue realizada en clínicas especializadas desde su legalización en 1973, con el fallo Roe vs Wade de la Corte Suprema. No obstante, la dinámica se ha modificado este último período y en 2020 el aborto con fármacos pasó a ser mayoritario, al representar un 53% del total, según el Instituto Guttmacher.

Este cambio se da después de años de una embestida récord de limitaciones a la IVE, principalmente hacia los prestadores médicos, que se reforzó en junio de 2022 con la anulación de la sentencia que consideró al aborto como un derecho protegido por la Constitución durante 49 años. Desde entonces, el aborto volvió a quedar en manos de los gobiernos estatales y 18 de los 50 estados del país ya impusieron restricciones, dejando a una de cada tres personas en edad reproductiva sin acceso.

«EEUU pasó de no creer nada en el aborto con medicamentos a creerlo todo. Ahora es como LA opción», dijo  Verónica Cruz, fundadora de la ONG mexicana Las Libres, que hace 22 años promueve este modelo para eludir las barreras a la IVE tanto en México como en la región. «Se está debatiendo, cuando antes pensaban que era algo de países tercermundistas. Todos esos mitos se están derrumbando muy rápido», agregó.

Foto: Verónica Cruz, directora de la ONG mexicana Las Libres, pionera en la lucha por el aborto libre. Foto: Las Libres

 

Al impulsar la creación de redes de acompañamiento al aborto seguro en casa, Las Libres fueron pioneras en la despenalización social de la IVE en México, donde en 2021 la Corte Suprema declaró inconstitucional su criminalización. Su trabajo cruzó una nueva frontera en 2022, cuando decidieron lanzar un proyecto de acompañamiento en EEUU junto a activistas de ambos países ante la creciente demanda que recibían de los estados conservadores del sur.

Bajo el lema «Acompañando del Sur al Norte», la iniciativa fue gestada en enero de 2022 por un centenar de mexicanas y estadounidenses en un encuentro en el estado fronterizo de Tamaulipas y, desde entonces, se realizaron otras tres reuniones para avanzar tanto en la organización, como en la capacitación de nuevas personas voluntarias.

En los primeros meses, las activistas recibieron una decena de pedidos desde EEUU al día, pero la demanda se disparó tras la derogación del aborto y pasaron a tener un centenar, llegando incluso a 300 en una sola jornada. «En el 2022 apoyamos solo para EEUU alrededor de 10.000 mujeres», precisó Cruz, quien señaló que actualmente los pedidos provienen de todo el territorio, incluso de los estados en los que el aborto es legal.

«Fue todo una loquera, nosotras nos sumamos, pero definitivamente ahorita estamos viendo la gran necesidad y la gran desinformación que hay», dijo Sandra Cardona, acompañante en la red mexicana Necesito Abortar.

El trabajo de las redes de acompañamiento consiste en ayudar a aplicar el protocolo de la Organización Mundial de la Salud (OMS) para abortar de forma segura con fármacos sin supervisión médica hasta las 12 semanas, que se realiza con la administración de misoprostol solo —85% de efectividad— o combinado con mifepristona, 98% de eficacia. Mientras el primero es de uso libre en México, el segundo lo compran las asociaciones o lo obtienen gracias a donaciones. Reconocidas por la OMS como “una extensión activa y potencialmente empoderadora del sistema de salud«, estas redes de aborto autogestionado son, antetodo, una manera de acompañar el proceso sin estigma, de una manera “amorosa y cálida”, afirmó Cardona. “Las personas necesitan alguien que las escuche y aquí estamos nosotras para eso, no solamente para resolver las dudas médicas, sino también lo que sienten y estar con ellas en todo momento”, precisó.

Espacio acondicionado para la IVE con medicamentos por la Red Necesito Abortar en su sede de Monterrey, en el estado fronterizo de Nuevo León. CRÉDITO: Red Necesito Abortar.

Si bien cada situación es particular, esta atención y calidez están presentes tanto en el acompañamiento presencial como en el virtual que realizan las activistas a ambos lados de la frontera. La iniciativa asesora a quienes viajan desde EEUU para abortar en territorio mexicano; también a quienes vienen a México a comprar o retirar el medicamento y luego regresan a abortar en sus hogares y, “mayoritariamente”, a quienes no pueden viajar y les envían las pastillas a través de «formas creativas». El “Kit para el Aborto en Casa” incluye no sólo las píldoras abortivas, sino también fármacos contra el dolor, toallas sanitarias, tés y chicles para el mal sabor y, a veces, un pequeño obsequio.

“Nunca es una decisión fácil. Entonces, me parece lindo tener un pequeño regalo al recibir las pastillas”, dijo una de las activistas estadounidenses de la red, llamada Mary —nombre protegido—, quien trae regularmente los fármacos desde México y los manda dentro de EEUU disimulados en cajitas con aritos huicholes, una artesanía típica del oeste de México hecha con mostacillas de colores. “También es una manera fácil de esconderlas si las recibe quién no debe”, añadió.

La totalidad del servicio es completamente gratuito, algo que —según Cardona— sorprendía a las estadounidenses que temían ser «estafadas», lo que las llevó a crear una cuenta de Paypal para quienes deseen hacer un donativo. Aunque todo tipo de personas gestantes —mujeres, no binarias, hombres trans— acuden a esta red, son principalmente aquellas que atraviesan una situación de vulnerabilidad —como las comunidades migrantes o pobres— quienes más la solicitan, en un país donde practicar una IVE cuesta un promedio de 500 dólares.

«Nuestra incidencia es en comunidades muy empobrecidas, que no tienen la facilidad de estar yendo y viniendo porque no pueden dejar su trabajo», expresó  Marcela Castro, activista de la Marea Verde Chihuahua. «Muchas veces somos el único medio para que estas personas puedan atender su aborto», subrayó.

Encuentro Marea Verde Chihuahua. Foto: Marea Verde Chihuahua.

La Administración de Alimentos y Medicamentos estadounidense validó en el 2000 el uso de pastillas abortivas, autorizadas hasta las 10 semanas bajo prescripción médica. No obstante, fueron la pandemia y la defensa de la IVE impulsada por el Gobierno de Biden las que facilitaron su acceso. En 2021, el organismo eliminó permanentemente algunas restricciones para que las píldoras puedan recetarse por telemedicina y recibirse por correo, mientras que en enero pasado se aprobó su distribución en farmacias certificadas. Sin embargo, más de la mitad de los estados del país pone barreras al aborto en casa que complican su práctica o la hacen inviable. «El acceso al aborto con medicamentos es fundamental para que las personas puedan interrumpir un embarazo de forma segura y evitar que recurran a medidas inseguras. Es vergonzoso que tantos estados hayan aprobado leyes tan restrictivas al respecto», indicó Katy Mayall, directora de Iniciativas Estratégicas en el Centro de Derechos Reproductivos.

Ante esta situación, la iniciativa transfronteriza se presenta como clave, pese a la discusión existente en torno a su legalidad. Según la experta, facilitar el acceso transfronterizo al aborto con medicamentos puede infringir la legislación federal que regula los fármacos de venta con receta y, cuando se hace en estados donde la IVE esta prohibida, también puede violar las leyes penales de esos territorios. «Hay importantes cuestiones jurídicas y prácticas sobre si alguien que está en México podría ser procesado por esto, pero está fuera de nuestro alcance», sentenció.

Este vacío legal es admitido por las asociaciones antiaborto, que esperan que un «futuro gobierno provida» pueda enmendarlo. «Si viene de fuera del país es una cuestión federal, algo para lo que estamos estudiando más mecanismos de aplicación. De todos modos, si alguien es sorprendido traficando ilegalmente con pastillas abortivas en Texas, se enfrentará a penas y probablemente vaya a juicio», expresó Amy O’Donnell, directora de Comunicación de la Texas Alliance for Life.

Este riesgo no inquieta a las mexicanas: «Estamos en territorio mexicano y no nos afecta. Hay que aprovechar los huecos legales para la garantía del derecho como sociedad», defendió Cruz.

Algo similar opina la estadounidense Mary, quien reside en la sureña California, donde el aborto está protegido por la Constitución estatal. La activista dice no estar «muy preocupada» y cree que «no pasaría nada» si alguien la denuncia, pese a que con la normativa texana podría ser extraditada y procesada. «Soy la perfecta mula: tengo 61 años, soy blanca, rubia, visto bien. Estoy usando mi privilegio de ser blanca para ayudar ante una injusticia», cuenta esta mujer, que invierte 1000 dólares anuales en esta forma de «acción directa».

En este primer año, la red de acompañamiento transfronteriza logró llegar a todo el país, pero las activistas resaltan la necesidad de expandirla para luchar contra el miedo y el estigma, a su juicio, los mayores obstáculos a la IVE en casa.

“Muchas no pronuncian ni la palabra aborto, no la escriben, solo te dicen: ‘Hola, tengo cinco semanas y necesito ayuda’. Es todo”, explicó Cardona, quien lamentó una vuelta al “oscurantismo” en EEUU, con mujeres que temen informarse por el riesgo que esto implica.

En ese sentido, destacó la relevancia de acompañar “sin estigma” para que ninguna persona con capacidad de gestar se quede atrás: “Vamos para adelante y tenemos que darle duro”, insistió.

“Gracias al conocimiento empírico popular femenino, como es el aborto con medicamentos, y la organización y solidaridad de las mujeres, se están tejiendo estas redes internacionales que muestran que el problema no es de las personas, sino de los Estados”, manifestó, por su parte, Cruz.

 

Ya en el pasado la solidaridad femenina fue clave para garantizar la IVE en EEUU, tal como lo hizo a finales de los años 60 el colectivo Jane en Chicago, que ofreció este servicio pra que las mujeres accedan al aborto seguro y de forma asequible, sin ser estafadas por la mafia.

La labor de la red transfronteriza retoma esta posta, medio siglo después, en un nuevo contexto, con la información como herramienta y la despenalización social como objetivo. «Estamos cambiando la concepción del aborto más allá de nuestras fronteras para que a las norteamericanas no se las coma este pesado monstruo de la estigmatización», expresó Castro y concluyó: «Ya hay movimientos enormes de mujeres saliendo a las calles y nosotras las apoyamos desde nuestras trincheras para que (la IVE) pueda seguir haciéndose. Estamos logrando un movimiento de justicia reproductiva porque no solo las estamos ayudando a abortar, sino también a cambiar su historia».