Tiempo de lectura: 4 minutos

 

Memoria y resistencia en los territorios amazónicos

Por: Emilia Palacios @EmiliaPalaciosM

Edición general: Ana María Acosta @yakuana

Ilustraciones: Andrea Venturini

Publicado 21 de septiembre 2021

 

 

Tiempo de lectura: 4 minutos

 

En la Amazonía centro sur, en la provincia de Pastaza, vive Bryan Garcés, un joven kichwa defensor de la naturaleza. Bryan de 25 años, de cabello negro y largo, recuerda que en el 2018 realizó un viaje Tsuntsuim, una comunidad indígena Shuar en la provincia vecina de Morona Santiago, acompañando a la dirigencia de la mujer de la Confederación de Nacionalidades Indígenas de la Amazonía Ecuatoriana (Confeniae) para conocer las consecuencias de actividades explorativas en ese territorio. Era la segunda vez que Bryan visitaba esta comunidad, pero ahora todo era distinto.

– La primera vez que fui, todo era bosque, todo era selva, habían cascadas y un río grande que se podía escuchar desde lejos – recuerda Bryan.

Lo que Bryan había conocido antes en Tsuntsuim ya no existía. Se encontró con el proyecto minero de cobre San Carlos Panantza, de la empresa china Explorcobres S.A (EXSA) que ocupó las parroquias de Santiago de Panantza y San Carlos de Limón, lo que provocó el desalojó de comunidades indígenas Shuar.

Los impactos ambientales, sociales y culturales han sido reportado en informes e investigaciones de organizaciones. Una investigación de Acción Ecológica, publicada en 2017, explica que este proyecto podría generar alrededor de 1.400 millones de toneladas de desechos sólidos, la mayoría contaminados con metales pesados.

A pesar de que en la constitución ecuatoriana se defiende el acceso a la información pública en el artículo 7 y que la Ley de Minería del Ecuador señala en el artículo 88 que “la autoridad ambiental deberá dar libre acceso a los estudios ambientales y sociales, formalmente solicitados, así como también a los informes y resoluciones técnicas emitidas por autoridad competente”, los colectivos y organizaciones denuncian no tener acceso a información  sobre las actividades mineras realizadas en el territorio, complicando el análisis del impacto ambiental que causa el proyecto San Carlos Panantza.

La presencia del proyecto minero en los territorios indígenas no solo generó problemas de contaminación sino también provocó enfrentamiento entre las comunidades y las Fuerzas Armadas. Así, el 14 de diciembre de 2016, tras la muerte de un policía en territorio, el entonces presidente Rafael Correa decretó un estado de excepción en Morona Santiago mismo que, de acuerdo a varias organizaciones sociales, propició “una incursión militar nunca antes vista en Ecuador: despliegue de tanques de guerra, helicópteros, camiones blindados, miles de militares y policías hicieron parte de esto. Allanamientos a los hogares de las familias de indígenas y campesinas sobre todo de las Parroquias Santiago de Panantza y San Carlos de Limón, indígenas y campesinos apresados”, en donde además las y los habitantes de Tsuntsuim y Nankints fueron desalojados y obligados a ver el deterioro de su territorio comunitario.

El desalojo de estas comunidades provocó el desplazamiento forzado de 35 familias y 150 personas a la comunidad Tiink, “entre ellas, 100 niños y 30 mujeres, sin que se sepa con exactitud cuántas personas fueron desplazadas a otras comunidades”, según el colectivo Geografía Crítica. Para el 2017, algunas familias regresaron a la comunidad Tsuntsuim aún sin que existieran medidas de reparación integral por los daños, el impacto psicosocial y la ruptura del tejido social que tuvieron que vivir las comunidades.

Bryan llegó a Tsuntsuim dos años después de los desalojos; y se encontró con un panorama devastador que decidió plasmar en una fotografía. Aunque el hecho le generó tristeza, también provocó una chispa que más adelante definiría su caminar y permanencia en la defensa de la naturaleza y los territorios amazónicos.

Hoy Bryan vive en la comunidad San Jacinto del Pindo, ubicada en Pastaza. El joven relata que en su cámara ha encontrado una herramienta para la defensa de los territorios. Aprendió conocimientos básicos de fotografía en talleres abiertos de la Confenaie y, en 2015, fue invitado por un compañero para retratar una marcha de la comunidad en contra de la minería a cielo abierto.

– Fotografiaba rostros, expresiones de furia y de angustia – relata Bryan con el mismo asombro que recorrió su cuerpo en aquella ocasión y recuerda que capturaba las emociones y exigencias de las personas para construir memoria y para tener un registro histórico al que puedan acudir las personas que inicien en este proceso de lucha.

La fotografía llevó a Bryan a conocer las realidades de otros pueblos indígenas y la propia lucha de su comunidad kichwa, además de la estigmatización que sufren las defensoras y defensores de la naturaleza en su lucha por que se respeten sus territorios. Bryan considera que el Estado ecuatoriano no permite a los pueblos y nacionalidades defender de manera legítima sus territorios y lo dice desde el conocimiento de causa, pues tiene compañeros y compañeras que han sido reprimidos durante las marchas por exigir y defender sus derechos y los derechos que tiene la sacha.

Este joven ha encontrado esa resistencia en la fotografía y en la organización social. Ahora es parte de Lanceros Digitales, una propuesta de la Confeniae para el trabajo en comunicación comunitaria de jóvenes que brinda información y noticias sobre los pueblos y nacionalidades de la Amazonía de Ecuador. Trabajar en este espacio ha significado para Bryan reconocerse como indígena  amazónico que defiende su patrimonio y los espacios de interculturalidad con sus compañeras y compañeros a lo largo de la Amazonía.

En este proceso, Bryan ha resignificado su relación con su comunidad San Jacinto, sus conocimientos, tradiciones y el apoyo que le han brindado en sus actividades en Lanceros Digitales. Siente que estuvo separado de la comunidad durante su etapa escolar y colegial, pero que el activismo en defensa de los territorios logró la conexión con sus raíces.

– Siempre había taitas que te iban enseñando cosas que no te enseñan  en el colegio– dice y recuerda la importancia de estos aprendizajes y del vínculo social que mantiene con las personas de la comunidad con las que comparte los conocimientos de comunicación que ha aprendido en el camino.

– En las marchas vi la realidad de cómo se convive en comunidad, con mi propio pueblo – explica Bryan seguro de que para él es necesaria la exigencia unificada, en voces, en gritos y en lucha.