por: Gustavo Endara

─ ¡Qué va! Eso no va a funcionar.

─ La gente no lo va a entender y las van a vandalizar

─ Se van a robar los libros. Jamás van a devolver. Van a pasar vacías

─ Hay que ponerles un candado o un código de acceso, ¿quién las va a cuidar?

Estos fueron algunos de los clamores que escuchábamos cuando tuvimos la idea de colaborar con el proyecto Andotecas, bibliotecas de la calle, que busca democratizar el acceso y el disfrute de la lectura, y por tanto de la ciudad, en el espacio público.

La idea nació de un grupo ciudadano que inicialmente concursó por fondos del Ministerio de Cultura en 2015, para construir aparatos innovadores y discretos que alberguen libros en el espacio público.

El acceso a los libros en las Andotecas es gratuito, están abiertas todo el día y quien quiera puede tomar un libro que le guste o entregar un libro en la Andoteca para que otra persona lo lea. La idea es que sea un espacio autogestionado, donde se confía en que la ciudadanía hará buen uso del mismo y que lo cuidará devolviendo los libros una vez que los termine de leer o poniendo a circular más libros para que otras personas disfruten. Es una iniciativa creada tanto para las personas que tienen hábitos de lectura asentados, así como para aquellas que están por descubrir cuánto les gusta leer.

Contrario a los miedos iniciales que teníamos  “no va a funcionar, no van a entender, la gente se va a robar los libros” etc.; los resultados son evidentes y alentadores. Alrededor de cinco mil libros se han donado o han circulado por nuestras Andotecas desde 2015. La red se ha expandido desde el sur hasta el norte de Quito, pasando por parques, universidades, museos, tiendas, restaurantes y otros puntos de la ciudad, incluyendo sus valles adyacentes Nayón, Cumbayá y el Valle de los Chillos.

Eso motiva y ratifica nuestra apuesta inicial de que vale la pena todo esfuerzo por motivar a las personas a leer e informarse. En Ecuador, los índices de lectura son bajísimos. Se estima que la población en promedio lee medio libro al año. Tomando en cuenta la experiencia que ha tenido el proyecto Andotecas, yo no creo que la desalentadora cifra ocurra por falta de interés, sino más bien por falta de espacios y la dificultad en el acceso a los libros y a la lectura en general.

 

El derecho a la lectura, el derecho a la ciudad

Andotecas propone un acto de rebeldía contra la lógica –casi siempre dominante– de que el espacio público tiene que ser un lugar donde una autoridad determine su uso, al proporcionar un acceso libre, gratuito, público y de encuentro comunitario. Justamente desde nuestras Andotecas vemos que ese desafío a la autoridad –por su puesto desde una óptica constructiva– es un fundamento esencial de la participación y la democracia en la ciudad.

Desde luego, a la autoridad difícilmente le va a gustar que la desafíen. Es así que la Andoteca de la librería infantil El Oso Lector en el barrio la Floresta fue citada por la Agencia Metropolitana de Control del Municipio de Quito, el pasado 16 de enero, por un supuesto “uso indebido del espacio público”. Si bien el hecho es lamentable, sirvió también para posicionar el debate ciudadano en torno a qué se debe considerar como “buen uso del espacio público”.

Andoteca que fue retirada contenía cuentos principalmente para niños y niñas

Mucha gente indignada con la citación se solidarizó con el proyecto debido a que la autoridad considerara el fomento el acceso gratuito a la lectura como una infracción merecedora de una multa.

Si bien Andotecas tiene una visión rebelde del espacio público, en ningún momento se ha querido actuar a espaldas de las autoridades municipales. Desde el inicio del proyecto, se abogó por formalizar los distintos espacios donde operan las Andotecas, lamentablemente sin mayor éxito. A pesar de esto, la mayoría de Andotecas tienen sus respectivos permisos o acuerdos institucionales. Existen puntos, como los del parque Gabriela Mistral, que obtuvieron un permiso especial de uso de espacio público junto con la Administración Zonal de la Mariscal en el marco de la Conferencia Hábitat III. Otros lugares cuentan con un acuerdo institucional para su funcionamiento, debido a que se encuentran en lugares de acceso público, pero autónomas de las regulaciones del municipio, como por ejemplo la Universidad Central.

Pero el asunto va más allá de estos reglamentos. Nuestras Andotecas están amparadas por el artículo 31 de la Constitución ecuatoriana que garantiza el derecho a la ciudad, que por cierto, es la única en el mundo en reconocerlo. Dicho derecho garantiza el disfrute pleno de la ciudad y significa tener espacios aptos para una vida digna. Su ejercicio se basa en la gestión democrática de la ciudad; en que construyamos en conjunto una ciudad donde nos reconozcamos como parte de ella; en la que brindemos garantías a personas vulnerables para que accedan a una buena calidad de vida. En definitiva, en la que hagamos de la ciudad un lugar de encuentro y construcción de la vida colectiva.

Andotecas ubicadas en diversos lugares de Quito

Desde nuestras Andotecas hemos demostrado que la idea del derecho a la ciudad no tiene nada de utópico, sino que se lo puede poner en práctica día tras día. Cuando una persona entrega un libro a la Andoteca para que otra lo lea, está ejerciendo un acto democrático y solidario para que alguien más acceda y disfrute de esa lectura. Cuando otra toma un libro de una Andoteca para leerlo en un parque –sin importar la cantidad de dinero que lleve, o más bien dicho, si lleva dinero o no en su bolsillo–, está demostrando que el espacio público cumple con principios de inclusión y encuentro social.

Así, se construye libro por libro una ciudad que cuide y valore espacios comunes y de encuentro colectivo.

Medellín dejó de ser una de las ciudades más violentas en el mundo en los años ochenta para convertirse en un referente cultural, a través de una apuesta por la educación y por la construcción de una red de parques- bibliotecas donde se carecía de inmuebles culturales, junto con otra serie de factores para repotenciar el espacio público. Si bien la ciudad aún tiene serios desafíos por delante en temas ambientales y de reducción de la desigualdad, su política cultural en espacios públicos es digna de observar.

El expediente de la Agencia Metropolitana de Control contra la Andoteca del El Oso Lector demuestra un desconocimiento del aporte de este proyecto y de otros innumerables proyectos artísticos y culturales independientes que han encontrado trabas por parte de la autoridad. Esta sanción no puede detener la alegría de ver a las personas; sin diferencia de edad, condición social o género; que se acercan a una Andoteca, por curiosidad o sabiendo que al abrir una, acceden también a la aventura del poder transformador de la lectura y la cultura. Esto nos da ánimo para continuar y expandir esta y otras ideas de construcción inclusiva de ciudad libro por libro, así como de transformar el espacio público desde una óptica innovadora, cohesionadora y por supuesto, rebelde. Porque como dijo el lingüista y filósofo suizo Ferdinand de Saussure “No leer es una de las desventajas más grandes que una sociedad pueda tener; margina y aísla a sus habitantes y les aleja de una sociedad incluyente”

 

Más sobre el proyecto Andotecas en tw: @andotecas  / fb: Andotecas 

 

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